19 de marzo de 2012

Un tipo normal


Cuando hace un año escribí por primera vez sobre Bob's Burgers después de ver sus primeros episodios ya apuntaba que lo más remarcable de la serie era como parecía no pretender posicionarse como otra serie de animación clónica que siguiera las pautas de las reinas de la cadena FOX -The Simpsons y las series de la factoria MacFarlane-. Por aquel entonces mi argumento era que, al contrario que estas, Bob's Burgers  apostaba por explotar un humor más de andar por casa, más basado en el enredo y los diálogos que en la parodia o la referencia pop de consumo rápido. Y con el paso de los episodios, además, se fue limando la que es posiblemente otro de los puntos fuertes que posee la serie y que la sigue diferenciando de sus "competidoras", el personaje de Bob.

Bob, al contrario de la tónica general en cuanto a padres de familias disfuncionales en lo que series de animación actuales se trata, es una persona normal. Es la antítesis de un Homer Simpson, un Peter Griffin o un Stan Smith, personajes paródicos, casi payasos. Bob, como decía, es un hombre normal al que todo le sale mal. Es un buen cocinero, pero un pésimo administrador. Intenta ser un buen padre y marido, pero su familia es de todo menos equilibrada. Es la representación del hombre de a pie que se ve constantemente abrumado por las circunstancias, lo que convierte su aparentemente tranquila vida en un constante caos.

Un caos que es es la principal fuente de humor de la serie y que tan bien representa el hasta ahora último episodio de la serie, Bob Day Afternoon (2.2), en el que el intento de Bob por conseguir otro préstamo para mantener su negocio es el punto de partida para comenzar a relatar un alocado y frustrado robo a un banco.  De la cotidianidad al enredo, eso es lo que mejor hace Bob´s Burgers. Y puede que parte del acierto a la hora de relatar este caos sean esos diálogos que se entrecruzan entre sí, que alborotan las discusiones y que se consiguen gracias a que la serie, a contrario que muchas otras de animación, se dobla con todos sus actores en la sala y no con cada uno de ellos haciendo su parte por separado [1].

Desde luego que, en definitiva, si la serie continúa por este camino y explotando estas virtudes puede convertirse, para el que escribe ya lo ha hecho, en una indispensable dentro del olimpo de la comedia animada de los próximos años. Humor cotidiano para un público amplio, eso es Bob's Burgers.

[1] La serie es, desde luego, bastante poco ortodoxa en lo que se refiera a su trabajo de doblaje. A parte de la circunstancia de contar con todos los actores haciendo su trabajo a la vez, se dan otras que también son la mar de curiosas. Bob, por ejemplo, está doblado por H. Jon Benjamin, que a la vez es la voz de Archer, y la mayoría de mujeres de la serie son interpretadas por hombres a excepción de la pequeña Louise a la que le presta su voz, y su talento, la hilarante Kristen Schaal. Por no olvidar la participación de las hermanas Silverman, Sarah y Laura, como los gemelos Andie y Ollie.

12 de marzo de 2012

Volviendo a ver: Buffy the Vampire Slayer (II)


Decíamos en la entrega anterior de este repaso a Buffy The Vampire Slayer que la serie en su primera temporada, como si de un prólogo se tratara, estaba más centrada en dejar bien claro cuales eran sus referentes y como iba a tratarlos antes que desarrollarlos demasiado pronto, posiblemente por la duración que iba a tener como repuesto de última hora de la mid-season de la cadena, The WB . Pues bien, todo esto se confirma cuando desde el inicio comienza a recoger todos los frutos plantados en los trece episodios anteriores y a recorrer el camino hacia la explotación de estos, sin importar en muchos casos la gravedad o consecuencias que acarreen.

Se acerca el final del verano de Sunnydale y la Cazadora de vampiros aún no ha vuelto de sus vacaciones. En este contexto, en la primera escena de esta temporada [1] vemos como la no influencia de Buffy entre los que la rodean hace que Xander y Willow estén más unidos que nunca dejando entrever que, sin la aparición de la heroína en sus vidas, las cosas entre ellos podrían haber sido muy diferentes. En una sola escena introductoria ya se nos pone en aviso de que la nueva intención de la serie es ahondar en las relaciones entre el resto de personajes y la influencia que Buffy, directa e indirectamente, ejerce sobre ellos. Pero eso no quita que, por otra parte, BTVS siga con su labor de exploración del comportamiento adolescente y las analogías de este con los elementos definitorios del genero del terror y que, posiblement,e lo haga con mayor acierto, puesto que el trabajo anterior y la experiencia de los guionistas de la serie consigue que todas esas metáforas y literalidad a la hora de aplicarlas sean introducidas cada vez más con mayor naturalidad y menos brusquedad.

Así pues, a lo que eso se refiere, la serie continúa con su labor de desmitificación de los tópicos del genero teen. El breve desorden de personalidad de Buffy tras la experiencia traumática de morir durante unos segundos en su lucha contra El Maestro (2.1), estudiantes de intercambio que resultan ser atractivas momias (2.4), universitarios que cortejan adolescentes... para ofrecerlas en sacrificio (2.5) o las reservas ante la sustitución de la figura paterna que resultan ser ciertas cuando descubres que un robot asesino está intentando seducir a tu madre (2.11) son solo unos de los muchos ejemplos con los que BTVS continúa con esta labor de relatar las fases de la adolescencia y la maduración de la persona, seña de identidad de la serie, que posiblemente alcanza su plenitud en esta temporada en dos episodios concretos. El primero Halloween (2.6), que no solo retrata la posibilidad de que los anhelos personales se conviertan en realidad, aunque sea por culpa de un hechizo, si no que se trata de la primera incursión al pasado rebelde de Giles como joven oscurantista y la aparición del personaje de Ethan, capital para entender la personalidad del vigilante y el porque de muchos de sus actos. Y el segundo, Bewitched, Bothered and Bewildered (2.16) que trae de vuelta a Amy y comienza la tradición de explorar el mundo de la magia y sus consecuencias con este especial de San Valentín en los que el deseo de ser querido y popular llevará a Xander a ser perseguido por todas y cada una de las mujeres de Sunnydale, estén vivas o muertas.

Y antes de pasar a comentar el gran arco principal de la temporada, hay que hacer hincapié en el interés que la serie comienza a tener en perfilar y evolucionar a los personajes que no son Buffy. Y es que es a partir de esta segunda temporada cuando se puede empezar a decir que la coralidad de BTVS empieza a ser una realidad. A la vez que la inseguridad de Xander ante la vida y las mujeres va desapareciendo gracias a su relación con Cordelia - y los eventos ocurridos en el episodio de Haloween, que consiguen que Xander posea conocimientos amplios de formación militar, lo que le convierte en un experto luchador cuerpo a cuerpo -, Willow comienza a dejar atrás su cascarón para, poco a poco, ir asumiendo un rol mucho más importante dentro del liderazgo del grupo, gracias también a la confianza que le ofrece comenzar a salir con Oz, el hombre lobo por accidente, y sus primeros escarceos con el mundo de la magia. Por otra parte, no solo empezamos a conocer el oscuro pasado de Giles como Reaper, si no que su posición como mentor del grupo se afianza a la vez que lo hace su relación con Jenny Calendar.

Como se habrán dado cuenta, las relaciones amorosas de los personajes son capitales para la evolución de estos, y eso no cambia en comparación con la pareja principal, Buffy y Angel. En la que puede ser la mayor y principal metáfora de esta temporada, la casi ilegal relación sexual entre Angel y Buffy, un acto de amor absoluto pero inmoral según muchos estándares [2], es la responsable de remover de nuevo el alma del vampiro maldito. Así pues, el precio a pagar por esos minutos de felicidad plena es, por una parte, el fin de la relación entre ambos y el comienzo de un reinado de terror por parte de Angel/Angelius que no podrá disfrutar de momento de redención ninguno. Solo su muerte, y la aceptación del sacrificio que Buffy tiene que hacer, podrá evitar que la Tierra sea engullida por la dimensión demoníaca. Posiblemente sean estos episodios en los que se trata a profundidad primero la relación platónica de Buffy y Angel y después la rivalidad que, desgraciadamente, va a llevar a que ambos luchen para matar al otro, en los que seamos testigos de las cotas más altas de calidad de la temporada.

Y entre medias de todo se encuentra la llegada de una nueva Cazadora y dos vampiros a la ciudad, Spike y Drusilla. Ambos antiguos pupilos y compañeros de matanza de Angel [3], su llegada ejemplifica una vez más lo que ya hemos comentado con anterioridad. La ruptura de lo clásico a favor de lo moderno. La amenaza vampira anterior, representada por la tradición, ritualidad y jerarquía desaparece a favor de este par de excéntricos monstruos que además de servir en muchas ocasiones para desarrollar el humor más tenebroso de la serie, siempre están movidos por una relación de vicioso, dependiente y estrafalario amor, en oposición al resto de relaciones de la serie. Y  aunque en un principio iban a tener una importancia mucho menor, episodio a episodio acabaron ganando el cariño y reconocimiento de la audiencia convirtiéndose, sobre todo Spike, en piezas fundamentales y recurrentes dentro del Buffyverso. Por su parte la aparición de Kendra como susituta de Buffy - al estar muerta durante unos segundos mientras luchaba con El Maestro -, funciona como contraste. Kendra, como Cazadora, es eficiente, centrada, trabajadora y sin vínculos familiares o amistosos que la debiliten pero con una obediencia ciega a la autoridad, que es la principal razón por la que cae fácilmente ante los poderes hipnotizadores de Drusilla, lo que le lleva a la muerte.

En definitiva, esta segunda temporada se atreve a adentrarse dentro de la mayoría de los temas que la primera temporada no pudo meterse. Las relaciones entre los personajes se definen completamente aunque, como veremos el próximo día, no pararán de evolucionar. Como último apunte, y pie para el comienzo de la tercera temporada, es necesario hablar de la revelación de Buffy como La Cazadora a los ojos de su madre y lo que significa para ella como heroína. En un acto de incomprensión maternal total, al igual que unos padres podrían actuar ante la salida del armario de su hijo, Joyce Summers es incapaz de asumir la identidad de su hija, identificándolo más como un problema que como una cualidad inherente a su personalidad, lo que unido al sacrificio al que Buffy se somete al matar a Angel hace que ésta huya de casa y de sus responsabilidades como la elegida, dando la espalda a su destino. Pero eso, me temo, es ya cosa de la tercera temporada. Hasta la semana que viene.

[1] Situada en un cementerio, tradición que se mantendrá durante todos los comienzos de temporada de la serie.

[2] No se olviden que Buffy, además de ser menor de edad, tiene relaciones sexuales con un hombre que es mayor que ella. Doscientos años mayor para ser exactos.

[3] Drusilla es convertida y llevada a la locura por Angel, mientras que ella será la responsable de convertir a Spike en vampiro.


7 de marzo de 2012

The Bleak Old Shop of Stuff


Estando como estamos en pleno bicentenario del nacimiento de Charles Dickens, las celebraciones, homenajes y revisiones a la obra del escritor inglés se multiplican. La BBC, quien si no y mejor, ya estrenó a finales del año pasado su nueva versión de Grandes Esperanzas y en este contexto llegó también en los últimos días de 2011 esta The Bleak Old Shop of Stuff. Pero empecemos primero con los precedentes. Como muchas otra comedias que vienen de la isla [1], el embrión de TBOSS procede de un programa radiofónico previo. Bleak Expectations [2] es una serie de BBC Radio 4 escrita por Mark Evans y producida por Gareth Edwars, un pastiche de las obras de Dickens en clave de humor y que ha encontrado su continuación en esta serie de cuatro episodios.

En The Bleak Old Shop of Stuff, pues, se parodia todo lo parodiable del universo dickensiano. Los personajes, situaciones, arquetipos y lugares comunes de sus novelas se aglutinan en esta comedia absurda que, lejos de ridiculizar sus referentes, no tiene otra intención si no la de celebrarlos y agruparlos con los brazos abiertos. Tal es el compromiso de la serie con el despiporre y el homenaje que su primer episodio es, directamente, un especial de Navidad. Y no solo porque la Navidad sea uno de los lugares comunes dentro de la ficción de Dickens, claro, si no que estos especiales son dentro de la ficción televisiva del Reino Unido toda una tradición entre las series más veteranas y de éxito.

Un primer episodio éste que por su condición de especial se alarga hasta la hora de duración y cuenta con un reparto ampliado para la ocasión encabezado por Stephen Fry interpretando a Malifax Skulkingworm, una versión más cruel y maquinadora, si cabe, del abogado Tulkinghorn de Bleak House. Pero el núcleo de la serie en general se encuentra en la familia protagonista, epicentro donde se cruzan todas las historias y desavenencias, los Secrest - Past [3]. Como se habrán dado cuenta, ni la famosa composición de Dickens a la hora de elaborar los nombres de sus personajes según sus circunstancias queda libre de ser parodiada y explotada.

En definitiva, la serie basa mucho su humor en la complicidad del espectador y su conocimiento previo de las obras que parodia. Un arma de doble filo que es a la vez su mejor y peor presentación. Aunque muchos de los lugares comunes de Dickens son culturalmente universales y se han repetido, trasladado y homenajeado miles de veces en miles de productos dispares bien es cierto que la falta de un conocimiento previo de estos puede echar para atrás al más neófito. Pero aún así, se encontrará con una buena cantidad de gags y diálogos no tan centrados en el homenaje y la parodia que hacen que, siendo o no un conocedor de Charles Dickens y su obra, The Bleak Old Shop of Stuff sea una comedia digna de ver.

[1] Si no recuerden el caso de The League of Gentlemen del que hablamos no hace mucho.

[2] Ambos títulos son una mezcla de varias obras de Dickens tales como Bleak House, The Old Curiosity Shop o Great Expectations.

[3] Jedrington, Conceptiva (interpretada por Katherine Parkinson, la Jen de The I.T. Crowd) y sus hijos Victor y Victoria.

[+] Bleak Expectations completa para escuchar en YouTube.

5 de marzo de 2012

Volviendo a ver: Buffy the Vampire Slayer (I)



Cinco minutos es lo que tarda Buffy the Vampire Slayer (a partir de ahora BTVS para abreviar) en dejar claro que serie es, cuales son sus referentes y como va a explotarlos, o como al menos lo va hacer durante su primera temporada. Para empezar, durante este período de tiempo podemos ver el famoso prólogo que abriría cada episodio hasta la segunda temporada, que resume y recuerda la premisa inicial de la serie:

In every generation there is a chosen one. She alone will stand against the vampires the demons and the forces of darkness. She is the slayer.

Tras estos escasos segundos de orientación para el espectador viene la primera escena pre-créditos de la serie. Escena en la que aún  no conoceremos a ninguno de los personajes protagonistas pero que sin embargo ya expone las bases de la serie en sus comienzos, el instituto y las vivencias que lo rodean como elemento aglutinador para subvertir el género del terror y los roles tradicionales en él. En esta primera escena somos testigos de como un par de adolescentes se cuelan en el instituto por la noche en busca de diversión. Él es un chico confiado de sí mismo que se muestra valiente para impresionar a ella, que se muestra indecisa y aterrorizada. Nada que no se haya visto un millón de veces. Pero en el momento de presentar la amenaza, el monstruo que nuestro conocimiento adquirido nos dice que va hacer aparición, vemos como la chica en apuros se convierte en vampiro y ataca al indefenso chaval. Desde el primer minuto se nos muestra el espíritu de ruptura con los elementos clásicos de las ficciones que la sirven de referente y que queda de nuevo expuesto en el momento en que aparece, por primera vez, los créditos de la serie:


Un órgano suena y un hombre lobo aúlla mientras que una luna llena, un crucifijo y un libro antiguo aparecen en pantalla. Un montaje que nos remonta a un terror más clásico formado por las únicas imágenes que aparecerán inamovibles en todas las variaciones que sufrirá la secuencia de créditos [1] durante las siete temporadas de la serie. Pero esta estética con reminiscencias góticas se ve bruscamente interrumpida por una melodía rock, juvenil, y la sucesión frenética de diferentes clips de vídeo que mezclan imágenes de los protagonistas entre situaciones cotidianas y su lucha contra los diferentes monstruos de la serie. Una muestra más del espíritu de ruptura, revolución y puesta al día del género.

Es pues esta dicotomía entre el terror y el drama adolescente la base de la primera etapa de la serie. Aunque desde luego muchos de los elementos que más tarde se desarrollarían ya están latentes o empezándose a dibujar, lo cierto es que en los primeros doce episodios la tónica es clara, y no es otra que hacer que la expresión "el instituto es el infierno" se convierta en realidad. Constituyéndose como un pastiche de mitologías y diversos géneros BTVS comienza retratando los miedos típicos de los adolescentes por medio de la metáfora y la literalidad. La necesidad de ser aceptado, cumplir las expectativas o encontrar el amor son los temas conductores para desarrollar paralelamente esas historias de terror, fantasía o ciencia ficción que son el centro de la serie.

Pero si hay un arco central en BTVS ese sería el del camino de la heroína. La figura de Buffy Summers como la cazadora, la elegida, y la lucha interna de ésta entre sus obligaciones y el deseo de una vida cotidiana. Una lucha que la va moldeando como una mujer fuerte, pilar principal del mundo que le rodea. No es de extrañar puesto que desde su concepción la serie huye de los tópicos más machistas presentando a las mujeres como los personajes claves y fuertes [2], relegando a los hombres a un papel no más secundario, pero sí más terrenal. Sobre el resto, se puede decir que los primeros pasos como heroína de Buffy son algo más canónicos. Se produce una ruptura de su mundo ordinario tras la llamada a la aventura con el posterior rechazo hasta la llegada de un maestro (Giles) que le servirá de guía a la vez de figura paterna (otro aspecto que seguirá desarrollándose durante toda la serie pero que ya es presentado y expuesto desde el principio).

En definitiva, estos primeros episodios poseen ya la esencia que más tarde explotaría pero se puede decir que ésta más preocupada en crear una mitología solida antes de empezar a desarrollarla. La evolución de los personajes, a parte de Buffy, está más dejado de lado a favor del desarrollo del concepto, algo de todas formas comprensible cuando atendemos al formato de la temporada, de doce episodios al tratarse de un refuerzo para la midseason de The WB. Así que desde una perspectiva general, se puede considerar esta primera tanda de episodios como un prólogo de la historia, una presentación general de personajes e intenciones que más adelante sería limada y perfeccionada. 

[1] Créditos que aparte del normal baile de actores sufrirían dos variaciones específicas. La primera sería en la cuarta temporada de la serie, con el episodio Superstar (4.17), en el que el frenético montaje se vería alterado con la inclusión de escenas del personaje central del episodio, Jonathan. Dos temporadas después, se repetiría la anomalía en el episodio musical de la serie, Once More, With Feeling (6.07) en el que los créditos y la melodía serían totalmente remplazados a favor de unos creados para la ocasión y que recordaban a los de las comedias familiares de los cincuenta y sesenta.

[2] Circunstancia que se haría más perceptible con el pasar de los episodios y las temporadas sobre todo en la evolución del personaje de Willow.