21 de octubre de 2013

Apuntes sobre la BBC


En la charla del último BirraSeries, encuadrada en los eventos del Festival de Series de Canal+,  se comentó de forma anecdótica que la fama de la BBC en cuanto a producción propia estaba algo mitificada. No recuerdo quién de los ponentes lo expresó, que me perdone, pero tal afirmación venía a coalición de la enésima comparación entre la ficción patria , la producción extranjera en general y la anglosajona en particular. No seré yo quién a estas alturas niegue que entre su grandísima producción anual la cadena británica estrena y mantiene un buen puñado de programas y series de muy cuestionable calidad, por supuesto. Por cada Luther hay una EastEnders y por cada The Thick of It hay una Father Figure, sí, pero lejos de significar un argumento en contra de la cadena es otro ejemplo del modelo público que representa.

Me explico. Entiendo la vocación del entretenimiento público como un todo que abarca, en la medida de lo posible, los diferentes tipos de consumos. Eso incluye estar en la vanguardia de la creación, de la explotación de sus productos más populares y sí, también, de la producción y distribución de una programación mucho más comercial y generalista alejada de la crítica y cercana a la masa popular. Una televisión y radio pública deberían ser capaces de crear una infraestructura en la que cualquier espectador fuera capaz de poder elegir entre su parrilla el producto que mejor se amolde a sus preferencias personales. Para poder competir con la oferta privada y, más importante, para prestar un servicio de calidad y completo hacia aquellos que significan el mayor porcentaje de su financiación.

Porque la licencia  que cada británico paga por televisión, a día de hoy 145 libras al año, significa el setenta por ciento del presupuesto de la cadena. En fríos números, esos que dicen que no mienten, 3.652 millones de libras de un total de 5.102 millones este último año [1], de los que al rededor del cincuenta por ciento van en exclusiva para el departamento de televisión [2]. Un dinero que sirve para financiar ocho canales distintos con los que poder tematizar sus contenidos [3] de manera que la audiencia no solo sabe que existen, si no que saben perfectamente donde encontrarlos. Y todo esto debe resumirse en poder tener la oportunidad y la obligación de hacerse cargo de toda esa demanda que los diferentes públicos desean. Es decir, poder ser popular con unos productos más comerciales al mismo tiempo que apuestas por la calidad con otros. En definitiva, aspirar siempre a un equilibrio entre la excelencia creativa y el éxito de público.

14 de octubre de 2013

American Horror Story está en los ojos que la miran


Dice el refrán que la belleza está en los ojos que la miran y, bueno, aunque todos sabemos que en toda frase hecha existe un grado de generalización importante no es menos cierto que muchas veces estas vienen ni que pintadas para dar paso a algunos argumentos. Y si actualmente hay una serie que veo con los mejores ojos posibles, aunque a veces no sepa porqué, es American Horror Story.

Coven, la tercera parte de la antología de los mitos del terror americano de Ryan Murphy y Brad Falchuk para FX se presenta, a priori, como la versión más campy de las tres temporadas de la serie. American Horror Story siempre se movió muy bien entre la ficción más reconocible y los ramalazos experimentales de sus dos creadores y ese equilibrio imposible es uno de los pilares en los que se mantiene la serie (el otro es indudablemente la buena colección de actores en nómina que han logrado a la perfección captar esa circunstancia en sus actuaciones). Pero ahora, con el contexto de la brujería y la tumultuosa historia social del sur de Estados Unidos, tanto a Murphy como a Falchuk se les ve muy cómodos y no dudan en explotar la formula que ellos mismos han patentado. Que nadie tenga ningún tipo de dudas, el que esté en el barco de esta serie por el placer de experimentar locura tras locura [1] se encontrará agustísimo viendo Bitchcraft [2], el episodio que abre este nuevo capítulo en la producción de la serie.