11 de enero de 2017

Día a Día es una digna heredera del estilo de Norman Lear


Seguramente ninguno de los presentes hubiera vaticinado hace un par de semanas que la primera grata sorpresa de este 2017 fuera a ser una reimaginación de una comedia de hace cuarenta años. Día a Día, localización patria de One Day of a Time, es la nueva apuesta de Netflix por la comedia de situación más clásica [1], un formato al que se ha acercado ya en todas sus formas y colores pero quizá nunca tan acertadamente como en el caso que nos ocupa. Cogiendo la premisa original, una madre soltera que tiene que hacerse cargo de sus hijos, y añadiendo un par cambios, el más importante aquí es que la nacionalidad de sus protagonistas pasa a ser cubana, Día a Día demuestra que los prejuicios a la hora de acercarse a ciertas series muchas veces evitan encontrarse con obras que puede que no inventen nada nuevo pero que, definitivamente, merecen la pena. 

¿El secreto de su éxito? Abrazar sin ningún complejo el género y su identidad clásica demostrando que cuando hay un buen guión detrás y unas buenas actuaciones delante el formato pasa a un segundo plano. El trabajo de Justina Machado como matriarca y, sobre todo, el de una desatadísima Rita Moreno en un papel totalmente auto consciente de su figura pública son los pilares de la serie. Y, sí, aquí hay latiguillos, risas del público entre chiste y chiste y familias que se abrazan tras aprender la moraleja. Pero también hay un compromiso en tratar temas sociales e intentar presentarlos desde diferentes puntos de vista para no antagonizarlos nunca. Todo desde una perspectiva muy blanca y huyendo casi siempre de una confrontación más apera, eso sí, pero con un respeto y cercanía que ha ido desapareciendo en el género. Desde luego esto no es una novedad ya que, por ejemplo, recientemente otras sitcoms como Black-ish o The Carmichael Show han apostado por ello, pero puede que no con tanta variedad ni con tanta importancia en cada minuto de su metraje como lo hace Día a Día.

La serie no sólo dignifica el formato tradicional de la comedia familiar si no que además sirve como homenaje y testamento de la obra de Norman Lear. Porque entender su éxito como una sorpresa es quizá no conocer el trabajo de éste ni su impacto en la televisión en la década de los setenta. Y si bien aquí sólo funciona como productor y padrino es evidente la influencia de su estilo en el trabajo de Gloria Calderón y Myke Royce como showruners.

Con All in the Family como piedra angular y junto a sus numerosas series derivadas, Lear y sus colaboradores no sólo ofrecieron a millones de personas numerosas carcajadas y personajes míticos aún recordados, si no que aprovecharon el medio y la popularidad de sus series para introducir entre la sociedad conversaciones que hasta entonces nadie consideraba que tenían que ofrecer comedias destinadas al gran público. El feminismo de Maude, lo racial en Los Jefferson, Sanford and Son o Good Times y el choque generacional en la ya comentada All in the Family apuntalaron una época dorada de la comedia americana respaldada por la crítica y el público cuya influencia es capital para entender toda la televisión venidera.

Esta forma de entender el entretenimiento es el que trae de vuelta Día a Día. Cabe preguntarse cómo se ha dejado pasar tanto tiempo para recuperar una forma de hacer otrora tan exitosa a la vez de congratularse porque al fin esta tendencia nostálgica que inunda el espíritu de nuestro tiempo ha dado con la tecla correcta a la hora de presentar una nueva versión que no renuncia a su estilo clásico. Un estilo y formas que se entiende que para muchos pueden ser un peaje muy costoso a la hora de ponerse con la serie, pero que aquí son un mal menor que afortunadamente nunca llega a tapar lo importante. 

[1] Puede que aquí el referente más directo sea Fuller House, tanto por el formato como por  su condición de remake, pero en su búsqueda de ir un paso más allá puede recordad más a los intentos de The Ranch en equilibrar momentos totalmente cómicos son situaciones algo más dramáticas.