30 de enero de 2017

Sweet/Vicious: tan buena como necesaria

"Sé cómo hacer cosas que la mayoría de la gente no sabe. Están sucediendo injusticias por ahí y nadie está haciendo nada al respecto. La gente está haciendo cosas horribles y se está yendo de rositas. Sólo estoy tratando de solucionar eso". Aunque esto parezca un discurso al azar sacado de cualquier página de cómic, en realidad es la premisa de la última propuesta de ficción de MTV. Creada por Jennifer Kaytin, Sweet/Vicious cuenta la cruzada vengativa de dos estudiantes hacia los abusos sexuales de toda índole que asolan su facultad. Una serie  que se mezcla entre el tono de Greek y Veronica Mars con reminiscencias a lo superheroico que se ha convertido por méritos propios en una de las producciones del año (éste en el que ha terminado y el pasado en el que empezó).

Es en la espalda de sus protagonistas donde cae todo el peso de la narración y tanto Eliza Bennet como Taylor Dearden salen airosas del trabajo. La primera encarna a Jules, típica chica buena de hermandad por la mañana y vigilante vengativa de noche y la segunda es Ophelia, genia informática de carácter disoluto. La inquebrantable química entre ambas va más allá del tópico de la extraña pareja y es gracias a sus conflictos cuando la serie es capaz de explorar temas como la exclusión social, el estrés postraumático y, sobre todo, su tema principal; la violencia sexual.

27 de enero de 2017

Basura and TV Recomienda (XI): Especial Stand-Up

Jen Kirkman: Just Keep Livin?



Si estás leyendo esto y no has visto aún I’m Gonna Die Alone (And I Feel Fine), el anterior especial de Jen Kirkman, hazlo. ¿Ya? Bien. Hete aquí una de las escritoras con más personalidad de la comedia reciente volviendo dos años después con nuevo especial y material. Especialista en un tipo de comedia muy íntima e introspectiva (ya sea en con sus monólogos, podcast o libros), Kirkman es esencial dentro del panorama humorístico norteamericano hasta el punto de  preguntarse como es que su trabajo no obtiene tanta repercusión como su talento se merece.

[+] Si te gustó prueba: Baby Cobra de Ali Wong.

23 de enero de 2017

Una serie de catastróficas desdichas: Un buen principio

El legado de Una serie de catastróficas desdichas es, desde luego, mucho más agradable que la historia que cuenta. Desde que en 1999 Daniel Handler editará por primera vez Un mal principio la saga no ha parado de crecer y convertirse en uno de los mayores exponentes de la literatura juvenil moderna. El secreto de su éxito se basa en diferenciarse bastante del resto de propuestas coetáneas, más cercanas a repetir y estirar el fenómeno de Harry Potter, y proponer al lector un mundo a medio camino entre la parodia y el homenaje a la literatura gótica, el humor negro y las situaciones absurdas que se centra en las desventuras de tres brillantes hermanos que, tras quedarse huérfanos tras un misterioso incendio, se ven obligados a acabar en las manos de un desconocido pariente que hará todo lo posible para robarles su fortuna. Esta nueva adaptación por manos de Netflix es su primera gran baza de este 2017 y para ello ha puesto toda la carne en el asador apostando por un trío de garantías en el que apoyar el proyecto. El propio Handler, Barry Sonnenfeld como director principal y Neil Patrick Harris como cabeza de cartel.

Barry Sonnenfeld, que estuvo vinculado desde el principio en la anterior adaptación pero que acabó dejando el proyecto, es el director perfecto para adaptar visualmente el mundo de Lemony Snicket. Combina a la perfección el estilo colorista que ya utilizó en Pushing Daisies con uno más gótico y feísta muy deudor de su trabajo en La Familia Addams. Una mezcla totalmente equilibrada que casa perfectamente con las dos vertientes de la historia; la más infantil, optimista y aventurera y la más agorera y peligrosa representada por muchos de sus adultos. Y con el propio Handler encargándose de la traslación del texto (él mismo firma cinco de los ocho guiones), se debe reconocer que a Una serie de... es la adaptación más fiel posible. O al menos la más deseada por su autor.

11 de enero de 2017

Día a Día es una digna heredera del estilo de Norman Lear


Seguramente ninguno de los presentes hubiera vaticinado hace un par de semanas que la primera grata sorpresa de este 2017 fuera a ser una reimaginación de una comedia de hace cuarenta años. Día a Día, localización patria de One Day of a Time, es la nueva apuesta de Netflix por la comedia de situación más clásica [1], un formato al que se ha acercado ya en todas sus formas y colores pero quizá nunca tan acertadamente como en el caso que nos ocupa. Cogiendo la premisa original, una madre soltera que tiene que hacerse cargo de sus hijos, y añadiendo un par cambios, el más importante aquí es que la nacionalidad de sus protagonistas pasa a ser cubana, Día a Día demuestra que los prejuicios a la hora de acercarse a ciertas series muchas veces evitan encontrarse con obras que puede que no inventen nada nuevo pero que, definitivamente, merecen la pena. 

¿El secreto de su éxito? Abrazar sin ningún complejo el género y su identidad clásica demostrando que cuando hay un buen guión detrás y unas buenas actuaciones delante el formato pasa a un segundo plano. El trabajo de Justina Machado como matriarca y, sobre todo, el de una desatadísima Rita Moreno en un papel totalmente auto consciente de su figura pública son los pilares de la serie. Y, sí, aquí hay latiguillos, risas del público entre chiste y chiste y familias que se abrazan tras aprender la moraleja. Pero también hay un compromiso en tratar temas sociales e intentar presentarlos desde diferentes puntos de vista para no antagonizarlos nunca. Todo desde una perspectiva muy blanca y huyendo casi siempre de una confrontación más apera, eso sí, pero con un respeto y cercanía que ha ido desapareciendo en el género. Desde luego esto no es una novedad ya que, por ejemplo, recientemente otras sitcoms como Black-ish o The Carmichael Show han apostado por ello, pero puede que no con tanta variedad ni con tanta importancia en cada minuto de su metraje como lo hace Día a Día.