5 de enero de 2010

Doctor Who: The End of Time

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Doctor Who 2005 (para diferenciarla de la continuidad clásica) ha finalizado su improvisada transición entre su cuarta y quinta temporada con The End of Time y la marcha del 10º Doctor, David Tennant, el gran responsable de multiplicar los adictos a esta longeva historia fuera de Reino Unido. Una transición que, sin contar el primer especial de Navidad, ha constado de cuatro episodios (Planet of the Dead, The Watters of Mars y las dos partes de The End of Time) y que es consecuencia de una crisis en la BBC que privó a la serie de una temporada completa.

Estos dos factores (la fama de Tennant y la temporada interrumpida) son, simple y llanamente, los dos principales factores por lo que el final de ciclo de Russell T. Davies a cargo de la serie que el mismo se encargó de "resucitar" nos ha dejado un batiburrillo de conceptos liosos, argumentos inverosímiles hasta para tratarse de Doctor Who y, que también hay que decirlo, un gran recorrido emocional sobre la figura del Doctor que, lamentablemente, se ve empañado por un exceso de drama innecesario que suena más a autohomenaje de los que se van y allanamiento del terreno de los que vienen que a verdadera despedida simbólica de una era.

Pero tranquilos que vamos a ir por partes, que creo que es la única forma posible de analizar lo que ha dado de sí The End of Time.

El Doctor Who de Russell T. Davies:


Cuando en 2005 Russell T. Davies y la BBC trajeron de vuelta al Doctor decidieron, acertadamente, no realizar ningún tipo de remake o reboot y apostaron por una continuidad del personaje y la historia. O casi, porque se tomo una decisión que, a la postre, ha resultado vital para la sucesión de los hechos. Como consecuencia de La Gran Guerra del Tiempo, esa de la que sabíamos poco y ahora sabemos un poco más, el Doctor tuvo que abandonar a toda su raza en un bloqueo temporal y convertirse así en el último de su especie, condenadose a convertirse en una estrella solitaria en su viaje por el espacio y el tiempo.

Este detalle no solo sirvió para dotar al personaje de una melancolía extra de la que ya tenía si no que al final ha resultado ser parte de un todo, de una historia global de la que ahora somos testigos y que, por esta parte, se ha sabido cerrar y englobar dentro de la historia. El problema viene cuando los detalles y argumentos que generan y alimentan esa historia no son, ni mucho menos redondos. Es aquí donde la labor de Davies como reponsable de la continuidad de la mitología del Doctor resulta no ser lo totalmente satisfactoria que pudiera ser.

Así pues, el gran error que destaca entre todos los demás errores (y los aciertos, que los hay y de los que hablaré más tarde) es centrarlo todo como una gran despedida y darle más importancia a que el que se marchaba era David Tennant y no El Doctor. Solo así se comprenden esos últimos minutos finales, en el que se rompe el climax conseguido anteriormente y que son totalmente innecesarios. Y son innecesarios por que aunque con cada regeneración El Doctor cambia de cuerpo y de personalidad, sus recuerdos se mantienen intactos. ¿Entonces a qué tanta fanfarria? Pues lo dicho anteriormente, ha primado más el sentimentalismo barato y el autohomenaje que otra cosa y al final el efecto ha sido todo lo contrario a lo, supuestamente, esperado.

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Doctor Who 100%:

Dejando atrás esto, la historia funciona. Y funciona por la razón por la que Doctor Who funciona como serie. Porque su aciertos y sus puntos fuertes se imponen siempre a sus puntos flojos y errores. Esto es porque ante todo, y sobre todo, la finalidad de esta serie siempre ha sido la del entretenimiento puro y duro y alejado de pretensiones más altas.

Como dice el refrán, no se le pueden pedir peras al olmo. Los giros de guión sacados de la manga, las situaciones más estrambóticas o las excusas menos creíbles siempre han sido parte de la serie. Y, al contario de lo que pasaría con otras muchas otras series, en el caso que nos ocupa todo eso funciona. La diversión por encima de todo. El problema, bendito problema, viene cuando los guionistas (con Davies y, sobre todo, Moffat) les da por ponerse exquisitos y aunar entretenimiento con guiones más redondos y cuidados y como resultado da, por ejemplo, Blink.

Pero como decía con la analogía de las peras y el olmo, ante un final de temporada (considerando The End of Time como tal) configurado por Russell T. Davies sólo se pueden esperar fuegos de artificio al servicio de la espectacularidad y la explosión de los sentimientos de unos personajes que durante los episodios anteriores se han cocinado a fuego lento. Es por ello que este doble episodio, bajo este punto de vista y estas reglas en las que se cimienta la serie, no es ni mucho menos de lo mejor que ha ofrecido Doctor Who pero sí lo suficientemente bueno como para ofrecer una historia digna de acompañar el final del 10º Doctor.

El mito del Doctor:

En donde The End of Time destaca es en el tratamiento de los personajes principales ayudados, claro está, en las grandes interpretaciones de Bernard Cribbins, John Simm y David Tennant. Pero sobre todo, el mayor acierto reside en la evolución de la personalidad del Doctor que, esta vez sí, Russell T. Davies ha sabido llevar de manera muy notable. Desde los acontecimientos ocurridos The Waters of Mars hemos visto un Doctor más divino, aceptando su rol de último de los Time Lord con todas sus consecuencias pero desatado al no contar de una compañía humana que le controle. En esta situación comprende que se ha extralimitado y acepta con resignación sus últimos momentos en ese cuerpo no sin antes, claro está, presentar batalla. En este final contemplamos a un Doctor que se aferra su vida y a la de los humanos a los que siempre ha protegido pero que en el momento determinado no puede hacer otra cosa que aceptar la profecía a la que está unido y aceptar el final de su canción, que no el final de su historia.

Gerónimo!


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Y ahora, lo que nos depara el futuro. Matt Smith se pone el traje de El Doctor en el peor momento posible porque será constantemente medido por el rasero de sus antecesores en general y en el de David Tennant en particular. Y por ahora, los escasos minutos en los que hace presencia en este episodio son insuficientes para hacerse cualquier tipo de idea de lo que nos deparará el nuevo ocupante de la T.A.R.D.I.S..

Pero Smith puede estar tranquilo en varios aspectos ya que, ante todo, el concepto de Doctor Who tiene mucho más peso e importancia que la impronta que dejan en ella sus actores. Si no, no se explicaría el éxito de esta durante tantos y tantos años. Es la ley de Doctor Who. David Tennant pasó por los mismos juicios de valor que ahora sufre Smith (y eso que Cristopher Ecclestone no dispuso de un final tan tronado, aunque creo personalemente que sí más efectivo) y ahora nadie reniega de él.

Sólo nos queda esperar hasta esta primavera para comprobar que tiene preparado Steven Moffat. Por ahora podemos disfrutar de este trailer en el que entre Daleks, River Song y más criaturas se advierte la vuelta de los Weeping Angels, una producción más cuidada y una dosis extra de acción. Allons Y!