29 de julio de 2016

BoJack Horseman still is a very famous TV show






El pasado viernes Netflix, en un nuevo paso hacia la dominación mundial, estrenó la tercera temporada de BoJack Horseman, nuestra serie favorita sobre un caballo alcohólico y depresivo en busca de la felicidad perdida. Tras una tremebunda segunda temporada, y con los galones de ser un clásico casi desde su estreno, faltaba por comprobar que tal aguantaría la serie una nueva tanda de episodios. Pero tranquilos, porque si sois de los pocos que aún no la han devorado durante esta semana podemos deciros sin reparos (y sin spoilers) que la serie sigue rozando un nivel excelente y sigue demostrando que aún tiene mucho que contar.

Lo primero que hay que destacar de esta tercera temporada es que todo sigue funcionando casi a la perfección a un nivel estructural. Porque no nos olvidemos de que en Bojack Horseman confluyen tres series a la vez. A un nivel más básico nos encontramos ante una estupenda parodia que aprovecha el particular universo en el que se desarrolla para acribillar al espectador con chistes referenciales, malos juegos de palabras intencionados y una cantidad ingente de gags escondidos en el fondo de cada escena mientras que, en un segundo nivel, es una sátira del mundo del espectáculo estadounidense y de las personas que lo pueblan. Pero a esto, que ya sería suficiente como para construir una buena comedia, hay que sumarle que ante todo nos encontramos con una serie que se mete de fondo en el estudio de la naturaleza humana y la depresión. Y quizá lo más sorprendente de todo esto es que el cambio entre estos tres diferentes tonos se da con una naturalidad asombrosa, lo que sigue consiguiendo que la carga emocional aparezca cuando menos te lo esperas e impacte con especial fuerza.

22 de julio de 2016

Basura and TV recomienda (IX)

The Secret Agent (BBC):

The Secret Agent en el iPlayer de BBC.

Nueva versión de la novela de cabecera de Joseph Conrad tras la película de Christopher Hampton a mediados de los noventa. En esta ocasión adapta Tony Marchant y protagonizan Toby Jones, Vicky McClure y Stephen Graham. En comparación con la obra original se pierde, quizá, complejidad y detalle a favor de de enfocar más la historia. De todas formas estamos ante otra muestra de thriller potente marca de la BBC con todo lo que ello conlleva, niveles de producción y actuación por encima de todo lo demás.

HarmonQuest (Seeso):



El primer episodio de HarmonQuest en el canal de YouTube de Seeso.

Tras su despido de Community, Dan Harmon se refugió en un pequeño podcast (con el que más tarde se iría de gira) en el que comenzó a realizar partidas de rol conducidas por Spencer, un chaval del público que no solo resultó ser un experto en Dragones y Mazmorras si no que además tenía un talento natural para improvisar partidas encima de un escenario. Pues HarmonQuest no es otra cosa que la recreación animada de esas partidas, al más puro estilo The Ricky Gervais Show, ahora grabadas en vídeo junto a un invitado especial cada episodio. El resultado es media hora dinámica que acierta a la hora de trasladar la narración de la partida al mundo animado. Diez episodios muy disfrutables que se ven en un suspiro.

Vice Principals (HBO):



La nueva colaboración de Jody Hill y Danny McBride para HBO tras Eastbound and Down cuenta la historia de dos subdirectores de instituto en su carrera por hacerse con el puesto de director. Casi una secuela espiritual en tono de Eastbound, con McBride repitiendo con matices su personaje de siempre pero aquí estupendamente acompañado por un Walton Goggins en su salsa y desatado en su faceta más cómica e histriónica. Obligatoria para los fans de McBride y, a la vez, el más accesible de sus trabajos para los neófitos de su obra.

The Late Show with Stephen Colbert (CBS) /
Full Frontal with Samantha Bee (TBS):


Lista de reproducción de YouTube con los mejores videos de la semana del Late Show y Full Frontal.

Terminamos con una doble recomendación que, visto los nombres que nos ocupan, debería aparecer todas las semanas. Pero en esta en particular ambos programas han alcanzado un estado de gracia memorable gracias a la convención republicana de Cleveland y el nombramiento de Donald Trump como candidato republicano a la Casa Blanca. Tanto Colbert, que incluso a recuperado a su antiguo personaje, como Bee, que emitió un programa especial entre semana, dan lo mejor de sí (que es mucho). En cuestión de sátira política Full Frontal es el programa a seguir ahora mismo por lo que a nadie le sorprenderá esta recomendación pero da gusto ver a Colbert volviendo a un terreno en el que se encuentra agustísimo y que el formato de late night tradicional no le deja explorar a menudo. Imprescindibles.


18 de julio de 2016

Stranger Things


La imagen que encabeza este texto está, evidentemente, manipulada. Está tomada de un fotograma en toda la alta definición posible que he editado a base de filtros y trucos de color para hacer parecer que está sacada de un antigua televisión de tubo que reproduce por milésima vez una cinta VHS. Es un intento de recrear un recuerdo que en los tiempos de las pantallas curvas y los 4K ya no existe. Una farsa que, aunque conseguida, está vacía de valor propio más allá de la técnica utilizada para recrearla. Una serie de televisión no es un imagen, claro. Es un conjunto audiovisual con una narrativa propia y, por lo tanto, su análisis tiene que ser más profundo. Pero al terminar el octavo episodio de Stranger Things, lo nuevo de Matt y Ross Duffer para Netflix, sólo podía pensar que lo que acababa de ver era una replica, casi perfecta en ocasiones, de diversos estilos  pero que se alejaba de esa perfección a la hora de utilizar esos mecanismos para ensamblar una historia competente.

Los eventos de la serie nos trasladan a un pequeño pueblo en 1983 en el que la desaparición de un joven desencadena una serie de eventos misteriosos y fantásticos. Si este punto de partida os parece conocido es porque no sólo lo es, si no que en este caso concreto se ha buscado que lo sea. Todo en Stranger Things es familiar para cualquiera que haya consumido cierto cine ochentero juvenil o de terror. El grupo de chavales inadaptados que viven la aventura de su vida en bici, las tranquilas comunidades en las que nunca pasa nada que esconden un secreto o el elemento sobrenatural exterior que lo cambia todo. Amblin, Stephen King o Carpenter son los referentes confesos de sus creadores y su asimilación y reproducción están aquí llevados con mimo de artesano. A ritmo de sintetizador los hermanos Duffer crean casi sin querer una enciclopedia de los tropos de los estilos que homenajean. El gran triunfo de la serie es el estético, puesto que es capaz de cohesionar ese montón de referencias y estilos a veces tan diferentes entre sí. Y no es que consiga intercambiar sus tonos de manera competente, es que es capaz de fundirlos para conseguir uno nuevo, algo que es importante, porque en un producto que juega a las nostalgias y la recreación es un éxito llegar a dar un paso más y ofrecer algo original. 

13 de julio de 2016

The Living and the Dead


A Ashley Pharoah y Matthew Graham les conoceréis por ser los creadores, junto a Tony Jordan, de Life of Mars y su spin-off Ashes to Ashes. Ambas series tenían la particularidad de mezclar la ciencia ficción con el drama de época (siempre que consideremos de época las décadas de los setenta y ochenta, claro). Y, teniendo en cuenta esto, no sorprende tanto que en su nueva colaboración para BBC, The Living and the Dead, jueguen de nuevo con esa mezcla de géneros que también les ha funcionado en el pasado.

Esta vez nos encontramos con una historia de fantasmas situada en 1894 en un pequeño pueblo ficticio del suroeste británico. Nathan Appleby (Colin Morgan) es un refutado psicólogo que se ve obligado a volver junto a su nueva esposa Charlotte (Charlotte Spencer) a la granja que su familia controla desde generaciones debido a la enfermedad de su madre. Tras la muerte de esta la pareja decide quedarse para continuar con el trabajo familiar, lo que empieza a desencadenar una serie de sucesos paranormales que parecen siempre estar relacionados de una forma u otra con la influencia que la familia Appleby ha tenido en la zona durante años.

9 de junio de 2016

No hay nada en televisión como The Chris Gethard Show (y te lo estás perdiendo).

Sí, es Jon Hamm disfrazado de luchador de sumo.














El éxito de The Chris Gethard Show (TCGS) se basa en dos pilares fundamentales cuya combinación le convierten en una rara avis dentro de la televisión. Primero, es un proyecto muy personal de Chris Gethard y su equipo que llevan desarrollando desde su época en el Upright Citizens Brigade Theatre, el templo de la improvisación de Nueva York. Tras comprobar que era casi imposible adaptarlo a la televisión convencional sin tener que renunciar a sus señas de identidad, se trasladó a la televisión local, donde los medios eran casi inexistentes. Lo podéis comprobar viendo cualquiera de sus programas de esa época, en los que su mayor pieza de atrezzo era una sabana mal pintada. Pero no dejéis que su estética o la fata de medios os eche para atrás, porque debajo de eso hay una intención de traspasar los límites de lo establecido y de proponer constantemente nuevas ideas y conceptos por muy estúpidos que suenen a priori (y se acaben demostrando a posteriori) [1]. Algo que Fusion, una cadena de cable con solo tres años de vida, supo ver al apostar por el formato. Primero de forma algo restringida con episodios más cortos de lo normal y mucho más editados que de costumbre y después volviendo a los casi 50 minutos de duración y siendo más flexibles a la hora de estructurar el show. Un cambio que le acercó de nuevo al corazón del proyecto y que ha conseguido que se pueda decir sin ningún rubor que esta segunda temporada que acaba de acabar ha sido de lo mejor que se ha emitido en televisión los últimos meses (con permiso del Full Frontal de Samantha Bee).

El segundo de sus puntos fuertes reside en la comunidad que ha logrado crear durante todos estos años. Esa extensa andadura no solo ha dotado al programa de una larga y compleja mitología propia [2], si no que ha conseguido crear una base de fans incondicionales. TCGS es, aparte de un programa de humor, un lugar de encuentro para muchísima gente que no se siente representada en otros lugares a los que Gethard brinda una plataforma para poder expresarse. Es en este sentido donde el show traspasa la barrera del entretenimiento más convencional y se convierte en un programa a reivindicar. Desde recrear junto a Lena Dunham un baile de promoción abierto para todos aquellos que por diferentes motivos no pudieron disfrutar del suyo hasta dedicar un programa entero para hablar sobre el tabú de la salud mental y mediación con Maria Bamford de invitada. El plató del programa y sus diferentes perfiles en redes sociales se han convertido en punto de encuentro y espacio seguro para todos aquellos que se sienten atraídos por el humor brutalmente honesto que propone Gethard [3], siempre dispuesto a ser el primero en abrirse y exponer sus experiencias.