30 de enero de 2017

Sweet/Vicious: tan buena como necesaria

"Sé cómo hacer cosas que la mayoría de la gente no sabe. Están sucediendo injusticias por ahí y nadie está haciendo nada al respecto. La gente está haciendo cosas horribles y se está yendo de rositas. Sólo estoy tratando de solucionar eso". Aunque esto parezca un discurso al azar sacado de cualquier página de cómic, en realidad es la premisa de la última propuesta de ficción de MTV. Creada por Jennifer Kaytin, Sweet/Vicious cuenta la cruzada vengativa de dos estudiantes hacia los abusos sexuales de toda índole que asolan su facultad. Una serie  que se mezcla entre el tono de Greek y Veronica Mars con reminiscencias a lo superheroico que se ha convertido por méritos propios en una de las producciones del año (éste en el que ha terminado y el pasado en el que empezó).

Es en la espalda de sus protagonistas donde cae todo el peso de la narración y tanto Eliza Bennet como Taylor Dearden salen airosas del trabajo. La primera encarna a Jules, típica chica buena de hermandad por la mañana y vigilante vengativa de noche y la segunda es Ophelia, genia informática de carácter disoluto. La inquebrantable química entre ambas va más allá del tópico de la extraña pareja y es gracias a sus conflictos cuando la serie es capaz de explorar temas como la exclusión social, el estrés postraumático y, sobre todo, su tema principal; la violencia sexual.

Sweet/Vicious le agrega capas de ficción a una realidad devastadora para realizar un ensayo sobre la violencia y sus consecuencias. En el fondo hay un retrato fehaciente de la cultura de la violación y en la forma nos encontramos con un relato casi superheroico sobre la venganza y el vigilantismo. Una dicotomía que se equilibra y funciona perfectamente por dos razones: en primer lugar hay un compromiso con la verdad por parte de Kaytin a la hora de documentarse y exponer sin tapujos una problemática que en números asusta [1]. Sus guiones, en consecuencia, nunca caen en  utilizar la violación como un elemento de catarsis narrativa o como mero valor de impacto fácil, lo que ya de por sí la diferencia de otras muchas propuesta más "serias". Pero también, en segundo lugar, logra que el mensaje llegue a su público gracias a que lo envuelve en un estilo desenfadado y juvenil, dónde el humor es la clave para cohesionar toda la historia.

En esa conversación de tú a tú con el espectador es importante también el papel de la cadena. Una serie como ésta solo podría existir en MTV (o en The CW), y el canal, sabedor de ello y de su papel como megáfono para millones de adolescentes, pone su grano de arena a la causa. No sólo avisa al principio de cada episodio que puede haber escenas que puedan herir ciertas sensibilidades, si no que durante la emisión hace diferentes llamamientos para visitar la web que ha puesto a disposición sobre consentimiento y cultura de la violación. Incluso, junto a RAINN (The Rape, Abuse & Incest National Network), han creado una campaña para recoger fondos a favor de victimas de abusos sexuales.

Puede que su tono juvenil y desenfadado y los prejuicios que pueda generar la cadena en que se emite eche a demasiada gente hacia atrás, pero la primera temporada de Sweet/Vicious no solo ofrece un entretenimiento de primera, si no que propone una discusión muy necesaria mientras que apunta directamente al problema y, lo que es más importante, lo hace sin condescendencia alguna y teniendo muy claro cómo hablarle a su público.