15 de marzo de 2010

Skins, la falsa realidad

A un episodio de terminar su cuarta temporada y decir adiós a su segunda generación de protagonistas es buen momento para hablar y analizar, como se merece, a Skins. Y de paso, spoilers mediante, de la problemática que ha generado los acontecimientos de su penúltimo episodio.

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Skins, como serie, siempre se ha deslizado como ninguna otra entre el fino hilo que separa el realismo de la ficción. Como retrato de la juventud, inglesa en este caso, siempre ha sido bastante exagerada. Y con exagerada me refiero a que muchas de las situaciones que vemos durante cada episodio son una deformación de una realidad que existe pero que ni mucho menos es tal como se nos muestra (esas fiestas, ese desfase, esa carpe diem continuo...).

Porque donde Skins se muestra realista y forma un retrato fidenigno del comportamiento adolescente y del inevitable viaje a la madurez es en su mensaje. Al contrario que muchas producciones que pretenden ser hiperrealistas, feístas pero que al final terminan conformando un mensaje irreal (se me viene a la cabeza, por ejemplo, la oscarizada Precius), Skins utiliza la exageración, la parodia y la deformación para llegar a unas conclusiones y formar un mensaje, esta vez sí, real como la vida misma.

Así que, en esta tesitura, llegamos a la pólemica escena final del pemúltimo episodio de la temporada, dedicado al personaje de Effy, en el que vemos como Freddie (y esto que viene a continuación es un spoiler de tal dimensión que si no lo has visto deberías dejar de leer ipso facto) es asesinado por un terapeuta cuyo menor problema, visto lo visto, parece ser implicarse demasiado con sus pacientes. Y claro, independientemente de que este giro de guión guste más, menos o nada, servidor viene a posicionarse y explicar porque le parece de todo menos gratuito e innecesario.

Porque cuando argumento que Skins es realista en sus conclusiones, no lo digo por decir. El asesinato de un inocente por parte de un loco siempre es imprevisto, llegado de la nada y sin explicación ninguna o antecedentes que llevaran a imaginarse que eso pasaría. Por eso opino que no es gratutio y que una vez más la serie nos lanza un mensaje claro como la vida misma. Y es que, lamentablemente, no somos dueños absolutos de nuestro destino.

Pero sobre todo pienso que no es innecesario porque la desaparición de Freddie es la única opción que tiene el personaje de Effy para avanzar. Muy claro se nos ha ido dejando que lo que necesita la protagonista de esta generación de Skins era alejarse de su novio para recuperarse y eso lo sabía, demasiado bien, su terapeuta. Y si a todo este cocktail les sumas las negativas continuas de Freddie en abandonar a Effy, la opción de tener que matar al personaje ya no es tan descabellada.

Punto y a parte merecería contar el retrato que hace la serie de los adultos, seres más inmaduros, ridículos e irresponsables que las supuestas balas perdidas de los adolescentes. Pero eso, mejor, lo dejamos para otro día.

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