25 de octubre de 2010

Bored to Death, cut, mad and lonely...


Para los no iniciados, Bored to Death es, muy malamente explicado, esto. Y actualmente las sensaciones que transmite la serie tras 5 episodios de su segunda temporada dejan la exaltación y fandemia de adolescente de ese texto en casi nada. Porque tras la estabilidad que le otorga el asentarse y crecer, Bored to Death se aleja de esa serie algo apática y "quiero y no puedo" que parecía en sus comienzos para ofrecer actualmente un producto con empaque, que sabe a lo que juega y que ofrece lo que promete su planteamiento, nada más (o menos). Tarea poco sencilla, por otra parte, y más en estos tiempos en los que defenestrar cualquier serie de cable que no sea una clásica obra maestra instantánea parece deporte olímpico.

Puede ser porque sus guiones ya nos lo escribe en exclusiva su creador, un Jonathan Ames al que podéis leer en esta entrevista de ¡Vaya Tele! aprovechando su visita al Festival de Series de Digital +, o puede que no, pero la serie crece y desata la mayoría de elementos latentes que poseía pero que no acababa de explotar. Como su protagonista, con un ligero movimiento de pelo hacia atrás, camina entre dos mundos diferenciados con pasmosa facilidad . Por un lado un relato costumbrista sobre la vanguardia neoyorkina y el aburrimiento de la monotonía del urbanita de clase medio-alta y por otro una revisión del cine y literatura noir que recoge los elementos más generales y reconocibles del género (el antihéroe,  la femme fatal, el crimen como hilo conductor...) para, más que ponerlos al día, deformarlos para ser el desencadenante de la comedia.

Si a eso se le suma la continua mejora de sus puntos más fuertes, sus tres protagonistas, Bored to Death se enfila como una serie totalmente indispensable para todo aquel que acepte su propuesta. Y es que el trío cómico que forman Ted Danson y los actores judío y griego de apellidos impronunciables, es el verdadero punto de apoyo en el que se sujeta todo. Su desesperanza, mala suerte ante la vida, sus fracasos y pequeños triunfos son, en definitiva, el alma de una de las series que se me antojan imprescindibles ahora mismo. Y si me equivoco.... ¡tan sólo dura unos veinte minutos! ¡Tampoco van a desperdiciar tanto tiempo de su vida!