9 de octubre de 2010

Nadie te obliga a que te rías

Voy a empezar con una obviedad, que a lo mejor no lo es tanto, las risas enlatadas son un recurso muy poco utilizado actualmente. Es más, de la series que sigo, creo que How I Met Your Mother es la única serie que inserta carcajadas en el proceso de posproducción de cada episodio. Pero es que claro, en numerosas ocasiones se confunde o se generaliza el termino risas enlatadas en decremento de risas del público en directo. Que no es lo mismo, vaya. Y por eso les dejo con...

... un poquito de historia:

La utilización de mostrar las risas del público en los programas nace en la radio y, tras comprobar lo contagioso de la risa ajena y sus beneficios para aumentar la audiencia, el invento no tardó en desembarcar en la televisión. Y es en la televisión, ese invento del demonio, cuando el concepto empieza a degenerar hasta la invención de la risa enlatada. Unos codiciosos productores se dieron cuenta que no necesitaban de un público que podía no reírse cuando ellos querían, así que grabaron esas desinteresadas risas y las colocaron a su gusto en las series con el interés de estirar el efecto contagioso de la risa. Y así hasta nuestros días, en los que las comedias con risas enlatadas, grabadas con público en directo o las que prescinden de cualquier tipo de estímulo exterior se mezclan en la parrilla con desigual suerte.

Y esto nos lleva a la segunda obviedad, que a lo mejor no lo es tanto, del día. Un chiste es bueno o malo por sí mismo y por la recepción de su tipo de humor por parte del público, no por el hecho de estar rodeado de risotadas o no. Hay quienes, no sin razón, no soportan la sonoridad de la carcajada continuada en una serie, aspecto que es totalmente aceptable (a estas alturas no vamos a repetir lo de que cada uno tiene sus gustos y tal... ¿no?). El problema nace cuando, a raíz de todo esto, se genera y expande un cliché detestable que se podría resumir en que:
Las risas enlatadas le quitan la gracia a una comedia.
Que a su vez ha degenerado en otro cliché no menos detestable como:
A mí no me gusta que me digan cuando me tengo que reír.
Y no. Rotundamente no. Sobre lo primero, díganle a un fan de Friends, Frasier o Seinfeld que las risas de fondo les restan gracia o calidad. O a un detractor de The Office que el mero hecho de ser una evolución de la comedia clásica y desechar de la rutina de insertar risas enlatadas o del público le otorga, de por sí y sólo por ese hecho, más hilaridad o calidad que The Big Bang Theory. O mejor no lo digan y aprovechen esa energía en analizar el tipo de humor que genera cada serie, a quién va dirigido y si consigue que esos espectadores potenciales lo acepten.

Sobre lo segundo, poco más que añadir. Al igual que en los dramas la utilización de la banda sonora enfatiza según que situaciones, en la comedia televisiva se utiliza la risa exterior para acentuar la comicidad, pero nunca para crearla. Así que, a no ser que no se posea de un mínimo de control sobre las emociones propias, cuando te ríes es porque en mayor o menor medida algo te ha hecho gracia. Y sin ninguna obligación, claro, que a no ser que los presidentes de las grandes cadenas mundiales se dediquen a contratar sicarios que les tengan a punta de pistola, son libres de darle al pause cuando quieran.

Y ríanse de lo que quieran, cuando quieran y como puedan, que es muy sano.

Nota: Originalmente, este texto fue escrito para Pos yo creo que... , pero debido a la temática he decidido que este era el lugar más indicado para ello. Y porque quería hacer un poco de SPAM, claro.