19 de diciembre de 2010

Héroes incompletos

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Existen dos lecturas sobre Misfits (E4, 2009) que irremediablemente están condenadas a no entenderse. Por una parte está la buena Misfits, ese relato sucio de la adolescencia británica barriobajera pasado por el filtro de la incorrección, la violencia gratuita y el despiporre como norma [1] que se sirve del género superheróico como trasfondo  para sus historias. Esa Misfits es imprescindible, un producto de culto instantáneo, un must see como dirían en las islas. Pero...

... por otra parte está la Misfits no tan buena, la de los golpes de guión porque sí, la que abusa de los deus ex machina que les ofrecen unos personajes y una narración sin rumbo, la que se apresura y la que parece que su propio planteamiento se le queda grande [2]. Esa Misfits consigue que la otra, la excelente, ya no lo sea tanto y convierte el visionado de la serie en una eterna lucha entre rendirse a los encantos de Nathan y compañía, a una banda sonora que con tanto acierto mezcla hits del momento con clasicazos imperecederos o a su decontrucción chav del inglés o, por el contrario, el hastío que produce la falta de coherencia de su guiones que se pierden en las enrevesadas paradojas que producen los viajes en el tiempo.

Es por ello que resulta bastante difícil calificar a esta serie. Ayuda, claro, la buena costumbre de la televisión británica de realizar temporadas de seis episodios que van al grano y que no estiran hasta la extenuación la formula y el éxito. Ayuda la realización que con cuatro duros nos transporta a un ambiente sucio e imperfecto,  ayudan unas interpretaciones que muchas veces se enfocan en la genial sí, pero por momentos sobre actuada,  figura de Robert Sheenhan. Pero me temo que si Misfits sigue optando por tomarse esas licencias narrativas de veinte duros estará perdiendo la oportunidad de ser una obra redonda. Por lo pronto, y a la espera de una tercera temporada ya confirmada, nos queda el placebo de disfrutar del especial navideño que la E4 nos regala y que en los momentos que estén leyendo este texto ya podrán conseguir por sus medios de confianza.

[1] Nathan, el hombre inmortal que se caga en los pantalones cada vez que muere y resucita, el malvado tatuador cuya particular kryptonita son los cacahuetes, el perturbado que se cree que está en una partida de GTA, el homenaje al mito de King Kong con la historia de Bruno, el mono, perdón gorila, que siente como un humano pero folla como la bestia que es, un villano final cuyo poder es la... ¡lacto-kinesis!. Todo ello, y más, momentos de alta genialidad y viva la fiesta que difícilmente se encuentra en cualquier otra serie actual.

[2] Casualmente Nathan descubre que puede ver muertos, cuando nunca antes los había visto, cuando hay que cerrar un hilo argumental . Casualmente Curtis puede viajar en el tiempo o Nikki teletransportarse "cuando lo dicten sus sentimientos" (un eufemismo para decir "cuando los guionistas quieran y necesitan salir de algún embrollo"). Todos esos trucos y giros de guión de los que se abusan sin ningún tipo de pudor.