13 de diciembre de 2010

Las concesiones de The Walking Dead



Sí un prólogo es una guía, una orentiación a la obra que el autor utiliza para exponer las líneas maestras e intenciones de lo que quiere desarrollar, más valdría que los seis primeros episodios de The Walking Dead no fueran considerados como tal. Porque si esta atípica temporada, en cuanto a duración, es una muestra de los lugares por los que se va a mover la serie cuando disponga de mayor desarrollo (su segunda temporada ya contará con 13 episodios, la regla en cuanto a temporadas de los canales de cable estadounidenses), me temo entonces que muy difícilmente pueda evolucionar y escapar de la mediocridad en la que se ha ganado a pulso estar.

Una mediocridad que, si atendemos a su piloto, es más pronunciada si cabe. Donde en el episodio escrito y dirigido por Frank Darabont se dejaba ver un ritmo pausado, una crudeza sin concesiones, un esfuerzo en dotar a los personajes de interés y, sobre todo, un equilibrio perfecto entre los momentos pausados y la acción, pasamos a un descalabro monumental en todas esas intenciones. El tacto desaparece y con él la sutilidad a la hora de desarrollar los engranajes dramáticos de la serie y sus personajes con el fin de encajar la historia en caminos muy convencionales y manidos. Y lo hace de dos formas muy diferenciadas, además. O subraya en exceso las situaciones para justificarlas en pos de que el espectador se identifique con los personajes, alcanzando momentos de ñoñez importante [1], o, directamente, obviando cualquier tipo de esbozo en la personalidad o acciones de estos, que ante la llegada de las situaciones más "crudas", matanzas y perdidas, consiguen justo lo contrario a lo que se supone que tiene que conseguir un golpe de efecto tal [2]. Por no mencionar, claro, que la serie entra en una dinámica en la que no solo poco importa que haya caminantes o no, que en vez de ser una amenaza constante para la supervivencia del grupo son reducidos a simple figurantes de los que echar mano a la hora de crear esos golpe de efecto fallidos que comentaba.

Todo ello emborrona, claro, los buenos detalles que la serie ofrece. Una excelente producción acorde al elevado presupuesto que posee, buenas interpretaciones, y, sobre todo, un reflejo de una vida pasada que no volverá y el intento de no perder la humanidad que nos define como personas y que, tras la caída de todo tipo de convicciones sociales y costumbres es tan difícil de mantener. Detalles que no son suficientes, repito, para tapar todas esas concesiones y la falta de un tono específico que la defina. Y que solo cuente con seis episodios no es una escusa para esta falta de definición, y a cualquier serie británica me remito.

The Walking Dead, siguiendo la esencia del genero zombie, intenta hablar sobre las personas, pero por ahora lo hace mal. Y lo hace por todas las concesiones al público no iniciado (esos que hablan de la serie como la dignificadora del género, como si este necesitara de tal cosa). En el primer intento ha fallado completamente en sus intenciones y solo queda esperar a que su segunda temporada aparezca para confirmar el descalabro o, por el contrario, ver si el anunciado cambio de guionistas y la posibilidad de poseer del doble de episodios es suficiente para intentar corregir el rumbo. Porque si no, me temo que no está el panorama como para perder el tiempo en darle tantas oportunidades.

[1] El responso a un cadáver, de tantos, que luego sería descuartizado, el grupo de chicanos del que no se puede ver las buenas intenciones por los prejuicios (momento abuela incluido), el superviviente que, tras una epifanía debido a un golpe de calor, se pone a excavar las tumbas para los fallecidos de un ataque futuro... y así hasta llegar a la llorera grupal ante la explicación de como funciona el virus causante de todo o el truco barato final en el que un personaje le releva a otro algo muy importante al oído.

[2] Tras una ataque en el que presumiblemente se producen varias bajas, solo importa la muerte de Amy, telegrafiada desde el principio del episodio tras otro momento de pochez potenciado por una conversación sobre anzuelos, o la muerte de la mujer de T-Bone (¿tiene nombre?), un personaje que pasaba por ahí, sin ningún tipo de desarrollo y que luego pretende ser, ni más ni menos, la gran perdida y desencadenante de un final de temporada descafeinado y que deja la serie en el mismo lugar que dos episodios antes.


[+] La lucha o el suicidio (The Walking Dead) en Diamantes en Serie.
[+] La introducción de los muertos vivientes en Carrusel de Series.