30 de marzo de 2011

SouthLAnd


Por fin la paciencia tuvo su recompensa: tras 2 años quedandose a medias en NBC (que ni puede ni quiere mojarse), Southland encontró un lugar donde desarrollar una temporada completa (la cadena de cable básico TNT) y demostrar su valía.

El potencial de Southland era innegable desde sus inicios. Producida por un tal John Wells (ER, ¿a alguien le suena?) sigue con cuidadísimo realismo y un estilo documental delicioso (por momentos parece el "reality" Cops) el día a día del Departamento de Policía de Los Angeles. Siempre pienso que Southland hace el trabajo sucio del género policial: retrata con precisión la parte más aburrida del trabajo (el "real police work" de los patrulleros) y la cara más fea de la ciudad (esa misma que veíamos en The Shield). El trabajo de documentación, el esmero en los detalles y el amor por la LA menos glamurosa se nota en cada escena. No hay otra serie actual que refleje mejor la multiculturalidad de su escenario, da gusto escuchar a actores latinos hablar en castellano sin acento de telenovela.


Esta 3ra temporada le sirvió a la serie para aprender de sus errores y brillar en sus particularidades. Uno de los principales problemas era que la serie bajaba mucho su nivel cuanto más se parecía al resto de policiales, es decir, con los casos autoconclusivos  de Homicidios. Una solución efectiva fue darle mucho más protagonismo a la irresistible Regina King, que interpreta con carisma un personaje clásico del género (la agente que se toma demasiado en serio su trabajo y se olvida de su vida personal) sin caer en clichés. También se dio un giro de 180º a la historia de Sammy, no voy a entrar en detalles, pero moverlo al frente de la guerra contra las bandas callejeras le dio un plus de intensidad dramática a la temporada. Pero donde Southland verdaderamente brilla es a pie de calle, con el novato Ben Sherman (notable Ben Mackenzie) y su oficial de entrenamiento, John Cooper  (colosal Michael Cudlitz). Sus historias individuales se entrelazan orgánicamente con su relación (aprendemos el verdadero valor de un compañero de patrulla) y afectan de forma creíble a su trabajo.


En tan solo diez episodios (y con un recorte de presupuesto considerable), Southland fue capaz de dejar atrás su decente pero poco memorable pasado para convertirse en una serie muy merecedora de la atención del gran público. Apoyándose en unos personajes maduros brillantemente interpretados, una visión cruda y realista del trabajo policial y unos guiones cada vez más cuidados [1], Southland se erige como una serie única en su género, el drama policial puro más realista y humano que se puede ver hoy por hoy. Por suerte TNT confía en los creativos de la serie y ya confirmó su 4ta temporada, ganándose así mis más sinceros respetos.

[1] Episodios como el que critican la cultura "celebrity", el del viento Santa Ana o el final de temporada "Graduation Day" son auténticas joyas.