25 de junio de 2011

The Killing y las expectativas

Al igual que la detective Sarah Linden, dejamos atrás la oscura y lluviosa Seattle con la revelación de que, para bien o para mal, no todo era como esperábamos. Ya comenté en su momento mis impresiones sobre The Killing y las mantengo, pero me pareció interesante comentar el final de su primera temporada, el descontento generalizado y desproporcionado que provocó y lo mucho que me gustó a mi. Sobra decir que si no lo has visto no deberías continuar leyendo.


La reacción que provocó la no-conclusión del caso Rosie Larsen, sobre todo en una gran parte de la crítica televisiva americana, es un buen ejemplo para estudiar los efectos de la cultura de la opinión inmediata en la que hoy vivimos gracias a la web 2.0. Donde antes habían análisis sesudos y bien argumentados, hoy hay carreras por ofrecer la opinión más cruda e intencionalmente polémica lo antes posible. De esta manera se pueden leer opiniones de críticos habitualmente serios y coherentes, transformados en adolescentes llorando porque una serie no les dio lo que esperaban. Los mismos argumentos que mucho pusieron como defectos, para quien escribe son las principales virtudes de The Killing: Veena Sud, encargada de la adaptación de la obra original danesa y jefa guionista, jugueteó durante toda la temporada con la fina linea que separa la mentira de la distracción (qué bien suena red herrings). En mi opinión The Killing, aunque es más accesible, es una serie similar en ciertos aspectos a la cancelada (pero genial) Rubicon: pretende ser un anti-drama policial procedimental, estirando un caso a lo largo de la temporada y entrelazando la investigación con el drama personal de los involucrados. El principal problema es que no todos las tramas fueron igual de convincentes ni interesantes. Sin llegar a ser un bache, el segundo tercio de la temporada si fue un valle de intensidad y calidad en los guiones.

Pero las principales culpables de que The Killing dejase molesto a más de uno fueron las siempre jodidas expectativas. Tomando como referencia a Forbrydelsen y los posters promocionales con el sugerente eslogan "¿Quién mató a Rosie Larsen?" todos creímos que la temporada sería autoconclusiva y cuando descubrieron que no lo fue, algunos decidieron enfadarse con la televisión y otros decidimos disfrutar con la sorpresa. Sud y sus secuaces no solo no cerraron el caso Larsen, sino que dejaron una serie de cabos sueltos realmente interesantes y coherentes con lo sucedido durante la temporada[1]. El asesino de Rosie en el aire, Richmond muerto y/o arrestado injustamente, Holder corrompido por intereses misteriosos y Linden fuera de escena pero consciente de la situación. Personalmente creo que la siguiente temporada atacará un nuevo caso (posiblemente relacionado, la mafia a la que pertenecía papá Larsen tiene buenas opciones) y tratará el caso Larsen/Richmond a la vez.

En definitiva, el tramo final de The Killing no solo me pareció más que correcto, sino que aumentó considerablemente mi interés por la serie. Sin ser una maravilla como sus hermanas, es digna portadora del sello de calidad aMC, un drama policial sólido, de ritmo calmado y con señas de identidad originales que la desmarcan favorablemente dentro de su género. Y si encima tiene a dos protagonistas como Linden y Holder, para mi los policias más interesantes de la temporada[2], sin duda estamos ante una serie de alta gama.

[+] Miss McGuffin explica muy bien todo este tema y también dejo 2 ejemplos de opiniones diametralmente opuestas: Los Angeles Times y What's Alan Watching.
[1] En más de una ocasión se nos dieron motivos para sospechar de la integridad de Holder y de la inestabilidad de Belko.
[2] Brillante el decimoprimer episodio, escrito por la propia Veena Sud, en el que la investigación se ve bloqueada por una orden judicial y aprovechan para "embotellar" a los protagonistas y profundizar en sus personalidades. Los 3 últimos episodios fueron excelentes.