30 de junio de 2011

Treme


Me cuesta mucho definir Treme (HBO, 2010-...) porque casi siempre me da la sensación de que todo lo que diga nunca será suficientemente. Pero voy a intentarlo. Treme es un relato realista y costumbrista, tan interesado en el qué y a quién como en el dónde. Una serie que se centra en un espacio definido, la multicultural ciudad de Nueva Orleans, y en un tiempo concreto, los días y meses posteriores a la catástrofe del huracán Katrina. Una historia en la que sus personajes tratan de sobreponerse a ritmo de jazz ante una situación impuesta por la madre naturaleza pero sentenciada por las personas. Que habla sobre la reforma y el optimismo a la vez que lo hace de las miserias y del tragar y seguir adelante. Eso es Treme, y como sospechaba al principio de este párrafo, seguro que me estoy dejando demasiado por decir.

Treme expone la acción desde diferentes puntos de vista para dar a conocer un todo global que ayuda a interpretar ya no solo a unos personajes y sus acciones, si no a la sociedad que les envuelve. Lo hace a ritmo lento pero seguro, como una línea de bajo, y difuminando tanto los temas que aborda que en la mayoría de las ocasiones parecen que no estén ahí. Y ahí están, sin subrayados, pero están. Los entresijos y corruptelas de la clase política, lo antiguo contra lo moderno, la anquilosada tradición, el orgullo patrio, el  crecimiento personal o la caída a los infiernos. Y, como ya saben, me estoy dejando demasiado por decir.

En esta segunda temporada hemos estado siendo testigos del desarrollo de unos personajes que, por unas o por otras, han tenido que ir acoplándose a la vida según les venían dadas. Así, la fortaleza definitoria de Ladonna (posiblemente uno de los personajes más fuertes y constantes durante los diez primeros episodios) se transforma en la más absoluta de las fragilidades debido a la catarsis de una violación, y en un caso opuesto, la constancia y el trabajo del frágil Sonny le sacan a base de esfuerzo del infierno autodestructivo en el que estaba metido. Un tipo de contraste muy presente en toda la serie, posiblemente mejor representado en la batalla entre lo nuevo y lo antiguo que Delmond y Albert Lambreux mantienen constantemente entre sí y, que de paso, nos acerca en un tono realista y casi documental a los mudos del jazz y las tradiciones indias. Casi nada.

Pero Treme no es solo disputa y catarsis, también es esperanza y regeneración. Ahí tenemos los casos de Antoine Batiste y sus apóstoles del soul o a DJ Davies y sus esperanzas de poder ser tan buen músico como entendedor. Aunque no todo son alegrías ambos intentan salir adelante aferrándose a lo que más aman en la vida, la música, que como toda amante trae problemas consigo. Por mucho empeño que le ponga, Antoine envejece sin poder mantener un modo de vida seguro gracias a la música, por lo que tiene que acercarse al sector de la enseñanza, que le ofrece una nueva visión de futuro y de bienestar personal y profesional. Por su parte, Davies vive una experiencia parecida. Relegado en casi todo lo que hace a permanecer en un segundo plano, el que posiblemente sea el personaje más bufón de la serie va, poco a poco, tornándose en un ser melancólico debido a los continuos reveses que sufren la mayoría de sus expectativas. El reverso a todo ello lo representaría Janette, otro personaje arraigado a su tierra y el amor a lo que hace que, paradójicamente, empieza a encontrar la estabilidad perdida alejándose del lugar al que cree que pertenece, pero en el que cada día se torna más complicado mantener raíces.

Y sobre todo la muerte. La muerte como culminación y ejemplo final. La temporada anterior explotó con el suicidio de un impotente pero, como su propia mujer se encargaría de explicar después, cobarde Creighton Bernette, desbordado al enfrentar la cruda realidad. Daban igual todos los intentos, Nueva Orleans etaba marcada desde mucho antes que el huracán devastara la ciudad, y done el veía oportunidad y reforma solo había oportunismo y dejadez. Siguiendo ese camino, durante la segunda temporada se observa como la ciudad está sumida en un caos cada vez mayor que acentúa las partes negativas de esta. Y todo apunta a que la ruptura entre los distintos estamentos cada vez es mayor. La investigación de Tony o los problemas internos dentro del cuerpo de policía reflejado en el teniente Terry son muestras de esta escisión que apuntan la llegada de tiempos duros. Tiempos reflejados en el asesinato de Harley por parte de un ladronzuelo, que nos subraya que el ambiente festivo y comunitario característico de la zona prende de un hilo muy fino.

Es casi un milagro que algo como Treme este en antena, incluso en HBO. Vive más del prestigio y abonados que representa para la cadena que de unas audiencias bastante bajas incluso para la televisión de cable. Más cercana a un compromiso con lo real más cercano al periodismo que a los elementos clásicos y característicos de la ficción, la serie de David Simon y Eric Overmyer se mueve lenta y constante y se cocina sin alicientes que aligeren su peso. Y es que en estos tiempos dominados por al cultura del aquí y ahora y del consumo rápido, Treme es una pequeña isla que pide mucha atención a unos espectadores acostumbrados a no desarrollarla demasiado.

Y tengo la sensación de que me dejo tanto, tanto...