16 de septiembre de 2011

El superhombre


Que la séptima temporada de Curb Your Enthusiasm hubiese sido la última, no hubiera supesto ningún drama. Y es que la no reunión de Seinfeld podría haber sido un final redondo que cerraría perfectamente el círculo intertextual en el que se mueve la serie y, de paso, hubiera ofrecido una despedida a los espectadores estando en lo más alto de la comedia, sin dejar que ningún previsible bajón pudiera dejar una sensación agridulce en nuestras mentes. Pero Curb Your Enthusiasm es droga, y Larry David es el camello que sabe que mientras su mercancía mantenga la calidad va a poder seguir vendiéndola hasta que nosotros, pobres adictos, sigamos comprándola.

Y deberíamos dar gracias por ello cada día.

Porque, más o menos acertado, el esquema de Curb Your Enthusiasm se mantiene invariable y centrado en las manías, acciones y costumbres de un superhéroe moderno que lucha contra los más variados e infames villanos de las sociedades modernas: el costumbrismo, las convicciones sociales, el buenrollismo y la corrección política. Un héroe de a pie al que a más de uno le gustaría encarnar mientras una señora con carrito se le cuela en la cola de la panadería, ese es el Larry David ficticio. Un Larry David que sigue generando un ideario sobre como vivir libre en los tiempos que corren, al cual solo se le puede criticar el hecho de que las consecuencias de sus actos no sean tan devastadores al tratase de una persona social y económicamente acomodada.

Pero tal crítica sería muy de cogérsela con papel de fumar, y echársela en cara significaría que poco hemos aprendido en estos últimos once años.

Y si bien la trama central de esta temporada, el viaje a la más judía de las Nueva York, se queda como un mero cambio de aires (cambios que desde el principio están representados en un Larry David soltero y, por tanto, más auto destructivo que nunca), Curb Your Entusiasm sigue mostrando una capacidad notable para crear guiones en los que cada chiste y dialogo son partes de un todo que explota al final de cada episodio. Episodios que forman otra gran estructura que, circularmente, nos llevan de viaje hacia las fobias y filias de David. Porque por mucho que cambie el entorno, esta última temporada de Curb Your Enthusiasm nos viene a relatar que la guerra que mantiene Larry David es global [1], aunque se le saque de la seguridad de su pequeño mundo burbuja.

Todavía no se sabe si habrá novena temporada para la serie. Pero en pos de esa intertextualidad, una vez llegados a este punto, ¿no sería fabuloso que Curb Your Enthusiasm terminara en su novena temporada? Sí, ya saben, como lo hizo la mejor sitcom de la historia.

[1] La octava temporada de la serie empieza y acaba de la misma forma, pero en diferentes ambientes. Con Larry discutiendo por un coche mal aparcado.