1 de septiembre de 2011

Red Dwarf



Its cold outside, there's no kind of atmosphere...

En 1988 la BBC estrenó una comedia de ciencia ficción creada por Rob Grant y Doug Naylor, basada en el sketch readiofónico de los mismos autores, Dave Hollins: Space Cadet, que creó historia. Repartidas en diversas etapas, Red Dwarf estuvo en antena durante ocho temporadas, hasta 1999, y diez años después volvió a la vida con una nueva temporada emitida en el canal Dave, en el que para 2012 se espera una nueva tanda de episodios. Entre medias, especiales para radio, novelas y hasta un fallido remake americano.

... I'm all alone, more or less.

En Red Dwarf somos testigos de las aventuras del último humano vivo, Dave Lister (Craig Charles), superviviente de una fuga radiactiva en la nave minera en la que trabajaba gracias a que fue puesto en hibernación estática como castigo por colar una gata dentro de la nave. Tres millones de años después, despierta de su letargo para descubrir que no está solo del todo. Le acompañan Cat (Danny John-Julesun humanoide felino evolucionado de los descendientes de su gata, que crearon una civilización  en la bodega de la nave a salvo de la radiación, el holograma de su irritante y neurótico compañero de litera Arnold Rimmer (Chris Barrie), elegido como acompañante de Lister por la computadora de la nave, Holly (Norman Lovett/Hattie Hayridge), un super ordenador con un cociente intelectual de 6000. Más tarde, con el pasar de los episodios, se unirá a la tripulación del Enano Rojo Kryten (Robert Llewellyn), un robot mayordomo de exquisitos modales programado para servir y no decir nunca que no.

Let me fly, far away from here...

Y eso es solo el punto de partida. Porque Red Dwarf aspiró a todo. A todo. No solo era una comedia modélica, al más puro estilo británico, capaz de desarrollar argumentos y situaciones a partir de cuatro personajes rodeados de tres paredes, si no que desde el primer momento apostó por presentar unos conceptos y argumentos dignos de la más dura ciencia ficción expuestos de tal manera que cualquier espectador pudiera disfrutar con ellos. La metafísica se mezclaba con la parodia, la ironía, la crítica y las personalidades de unos personajes perfectamente definidos.

... fun, fun, fun, in the sun, sun, sun. 

Porque todo parte de los personajes y sus personalidades. Sobre todo de sus dos protagonistas, Lister y Rimmer, antagónicos en cada detalle, y motores de la serie. Unos personajes que desde el principio están en constante evolución, gracias a una planificación argumental que se vislumbra desde los primeros episodios.Y es que Red Dwarf, bajo una apariencia de sitcom, esconde una actitud de querer romper con todo y llegar donde cualquier otra comedia, o serie de ciencia ficción, no había llegado jamás.

Es muy difícil hacerle justicia a una serie como esta con cuatro párrafos muy generales porque, fácilmente, cada episodio de Red Dwarf daría para completar una tesis doctoral. De ese nivel estamos hablando, de uno que solo puede ser comprobado metiéndose de lleno en la serie. Porque cada palabra que se diga sobre ella será insuficiente para describir el nivel de una serie que empieza bien alto y que durante nueve temporadas, y lo que está por venir, demostró no tener techo.