29 de noviembre de 2011

El Big Three de Nueva York


Se pueden decir bastantes cosas a favor de Bored to Death. Se puede decir, por ejemplo, que la serie de Jonathan Ames representa una revisión de los elementos más comunes de la literatura y cine noir. También podríamos apuntar que juega a desconstruir esos elementos como base de su comicidad y, para no dar mucho el coñazo e ir terminado rápido, podemos terminar diciendo que coloca todo ello en medio de un relato costumbrista sobre el tedio de la clase alta y vanguardista de New York. Pero lo que de verdad hay que decir de Bored to Death es que es una mesa que se apoya en tres patas y que, aún así, no cojea.

Porque el nexo de unión de todo lo anteriormente mentado no es otro que los tres personajes principales de la serie y la innegable química entre los actores que los interpretan [1]. Bored to Death se cimienta en la amistad de tres personas totalmente diferentes entre sí pero necesitadamente complementarias entre ellas. Y en lo más alto de esta pirámide se encuentra George como figura paterna sustitutoria para un Jonathan totalmente volcado en la búsqueda de su padre biológico y como ejemplo paterno a seguir por Ray en su búsqueda de identidad como amante y padre. Y todo ello sin olvidar la importancia de los personajes secundarios y recurrentes de la serie. Es la fauna que puebla esta noir-itica ciudad de Nueva York la que añade un toque excéntrico y alocado al cóctel de Bored To Death.

La tercera temporada de Bored to Death continua con la evolución progresiva que la serie lleva experimentando desde sus comienzos. Si con su primera tanda de episodios parecía más un quiero y no puedo con varios detalles interesantes y con su segunda temporada terminaba de refinar esas irregularidades, esta tercera, y por ahora, última temporada ha terminado de explotar todo el potencial de la serie.

[1] Ted Danson y la pareja de tipos con apellidos impronunciables. Sí, sí, el judió sobrino de Coppola y el gordito de descendencia helena.