19 de junio de 2012

El director de televisión


Este señor de frente prominente que ven aquí arriba es Timothy Van Patten, actor, productor, guionista y director de televisión, ocupación por la que es mayormente conocido. La carrera como guionista y director de Tim está muy unida a la cadena HBO habiendo dirigido o escrito episodios para Roma, Los Soprano, Deadwood, The Wire, The Pacific, Juego de Tronos, Boardwalk Empire o Sexo en Nueva York. Es en la actualidad, posiblemente, uno de los directores de más prestigio de la televisión americana y, sin embargo, en su ficha de Imdb no encontrarán ni una mera fotografía que acompañe a su extenso currículo. Sirva esta anécdota como ejemplo de la poca visibilidad que tiene el director de televisión en comparación con la figura del director cinematográfico. Y aunque las funciones de uno y otro no son comparables si es cierto que en un medio como el televisivo en el que se es muy dado el engrandar ciertos nombres, la figura del director se encuentra la mayoría de las veces en un segundo o tercer plano.

En el mundo de la ficción televisiva el rol de creación y control creativo que posee el director de cine cae en manos de los showrunners, los productores ejecutivos o los creadores, que en muchas ocasiones suelen ser una misma persona. Esto deja al director como un subordinado del trabajo de aquellos, en un ejecutor técnico de las ideas de otros. Nadie duda que Los Soprano es la serie de David Chase o que The Wire la de David Simon, pero lo que si se suele obviar es el trabajo de gente como Van Patten, Jack BenderRod HolcombLesli Linka Glatter o Toby Haynesentre muchísimos otros, en decenas y decenas de seriesProfesionales que no solo se dedican a colocar la cámara enfrente de los actores, si no que contribuyen a la creación de episodios que generan audiencias y beneficios millonarios y son éxitos de critica y público.

Y es que el director muchas veces tiene una implicación dentro del proceso creativo de suma importancia. Es sabido, por ejemplo, que Aaron Sorkin escribe densos guiones repletos de diálogos con escasas directrices y que deja vía libre a los directores de sus episodios a la hora de tomar decisiones más técnicas. También es cierto, por el otro lado, que Matt Weiner (creador de Mad Men), llena sus guiones de especificaciones concretas de como debe ser orientada la escena y de lo que tiene que pasar en cada momento, concretando mucho el trabajo del director que tiene que trabajar más como un técnico que como un artesano. Pero esta es una circunstancia más concreta en hombres para todo como Weiner, controladores casi obsesivos de su trabajo.

Así que la próxima vez que vean a Don Draper mirar por la ventana con un whisky en la mano, a Walter White obsesionado con una mosca o el plano secuencia de unos supervivientes de un accidente de avión en una isla acuérdense no solo de las mentes creativas detrás de su concepción, si no también de la persona que está detrás de las cámaras, el ejecutor material del mundo ideal de los escritores.