3 de diciembre de 2012

Treme, punto (y aparte).


Es muy difícil explicar con propiedad y justicia qué es Treme (HBO, 2010 - ...). Tirando de metáfora baloncestista, Treme es una serie de intangibles, que de lejos parece que no va de nada pero al acercarte a ella descubres que va de todo. Su famosa sinopsis "drama sobre Nueva Orleans post huracán Katrina" indica más que su argumento su contexto. La serie de Eric OvermyerDavid Simon se sirve del espíritu de caída y recuperación de la ciudad tras el desastre para desarrollar un puñado de historias de redención, crecimiento y tragedia en torno a un grupo de personajes arquetípicos que, como ya les contamos, representan a distintas celebridades de la cultura de la ciudad como parte de ese compromiso por lo crudamente real que la serie representa.

El final de la tercera temporada constituye un punto y aparte dentro de la serie. Porque aunque no se trata de una series finale es cierto que el próximo año Treme terminará de contar su historia con una tanda de únicamente cinco episodios, lo que ciertamente da la sensación de que los últimos capítulos de esta temporada configuran un epílogo que bien funciona como carpetazo casi final para la serie y sus personajes. Treme sigue a paso firme la estela que ella misma se ha ido dejando y continúa semana tras semana enseñando que la vida no es más que el resultado de miles y miles de batallas diarias que hay que enfrentar y que, muchas veces, vas a perder. Y que por el camino posiblemente puedas perder mucho más de lo que ganes, pero que es el regusto de esas pequeñas victorias lo que al final mueve al mundo y a las personas que habitan en él.


Treme trata de aferrarse a la vida con todas tus fuerzas y de las herramientas que puedes contar para ello. Y dentro de esta tesis los creadores y guionistas de la serie cuentan como el trabajo es parte de la reafirmación e identidad de la persona. Muchas series o películas tratan con asiduidad el balance entre vida y trabajo pero posiblemente ninguna lo hace como Treme. Si se dan cuenta parte de la fatalidad en la serie se cuenta siempre desde la imposibilidad o la falta de una vida laboral inestable o inexistente. El trombonista Batiste encuentra la estabilidad en el momento en que se da cuenta de que posiblemente nunca será un excelente interprete, pero sí un gran maestro. Así un díscolo músico con problemas de fidelidad, y el gremio de los taxistas, se convierte en un activo para la comunidad. En el momento en el que puede compaginar su pasión con su trabajo nace un nuevo Antoine Batiste, una persona realizada [1]. Por el otro lado, y en contraposición, nos encontramos con la chef Desautel y su catastrófica subida al éxito laboral. Si hay un personaje que desde el principio ha merecido conseguir la realización por medio de su trabajo es Janette, que de repente se encuentra con que el cielo que siempre quiso tocar está lleno de nubes negras y de compañeros de viaje no deseados pero irremediablemente necesarios. Convertirse en una marca de la cocina de Nueva Orleans conlleva pasar por una serie de peajes demasiado caros que le impiden conseguir una felicidad plena. Ese binomio arte y negocio es un tema tratado recurrentemente durante toda la serie, muchas veces en relación al personaje de D.J. Davis, y casi siempre acompañado de otro tema muy importante en estos diez episodios, las raíces.

El empeño de Davis por honrar a los grandes músicos vivos de la ciudad le lleva a obsesionarse de tal manera que le hace perder la estabilidad emocional. No solo hace peligrar la relación con su tía y socia si no que consigue romper su relación con Annie. La violinista, que al contrario que Davis no es nativa de la ciudad, rápidamente comprende que para poder triunfar y crecer como música tiene que salir de Nueva Orleans que aunque es una parte importante de su formación como persona y artista no es la única. La obsesión por las raíces de Davis le convierte en un inmovilista total y en un muro para el crecimiento artístico de su novia y le lleva a una catarsis y a un órdago final a la industria musical que, afortunadamente, no sale como él hubiera querido [2]. Y es que la relación amor odio con el mundo que lo rodea es lo que mantiene al D.J. vivo. Puede ser que nunca consiga una estabilidad amorosa y laboral completa pero el amor que tiene por su tierra y su cultura es el motor que necesita para salir de todos los baches.

Y en el caso de la abogada Tony Bernette, el periodista L.P. y el policía Terry Colson ese motor es el del servicio público. En el caso de los dos primeros servicio hacia los más necesitados, los olvidados por las autoridades que miran siempre hacia el otro lado y que prefieren salvar sus culos de oficina antes que los de las personas que han jurado proteger [3]. Un situación que el teniente Colson trata de denunciar sin éxito aferrándose a la única verdad posible en este caso, que es imposible nadar a contracorriente dentro de un río de ponzoña y corrupción y que lo más sensato es arrimarse a la orilla antes de morir ahogado en el intento. Treme siempre ha tirado sus dardos envenenados a la clase política estructural e históricamente corrupta ya sea desde la perspectiva desencantada del personaje de John Goodman en la primera entrega de la serie como desde el lado interesado con la aparición en la segunda temporada del personaje interpretado por Jon Seda. En esta tercera temporada se mete a fondo con la estafa inmobiliaria y el enriquecimiento de unos pocos que se van pasando de mano en mano el dinero que, en teoría, debería ir a parar a la restauración de la ciudad. 

Pero posiblemente dentro de esta tragicomedia los mayores palos se los han llevado los dos personajes que posiblemente posean los caracteres más duros, el gran jefe indio Albert Lambreaux y Miss LaDonna. Dos de los pilares de la serie que se ven azotados por la calamidad. Una calamidad que les une. El  cáncer de Albert le lleva en cierto modo a replantearse la relación con su familia y, poco a poco, le aleja de esa agriedad que le caracteriza. Sigue siendo un hombre de increbrantables principios que se enfrenta de cara y con valentía a la enfermedad porque el vive para y por el carnaval. Después de tantos años y reveses el jefe indio ha encontrado la estabilidad dentro de la tradición. Y es esa personalidad tan marcada lo que hace que LaDonna recurra a él como refugio ante los acosos y amenazas continuas. Al final los dos personajes más fuertes de toda la serie llegan a congeniar gracias a la construcción de una relación basada en el respeto mutuo sí, pero también en el miedo. A la enfermedad él y en echar a perder el trabajo de toda una vida ella.

Como dije al principio, aunque esto no es un final si que es un punto y  aparte. Esas últimas escenas con casi todo el cast junto unido por la causa de ayudar a traer de vuelta el bar de LaDonna suenan a casi despedida. Afortunadamente no lo es, pero habrá que esperar hasta el año que viene para ver la última parte de esta historia sobre la vida en mayúsculas, la regeneración, el sacrificio, la felicidad y las derrotas. 

[1] La escena del último episodio, "Tipitina", en la que Antoine no solo no discute con el taxista si no que le deja propina es, a parte de un magistral  cierre para un runnig gag que empezó en los primeros minutos de la serie, la demostración gráfica más evidente del crecimiento personal del personaje.

[2] Ojo al regalito que les dejo. Ya deberían saber que el personaje de D.J. Davis está basado en Davis Rogan, personalidad cultural de Nueva Orleans que es asesor de la serie y autor de todas las canciones que el D.J. interpreta en la serie. Bueno, pues aquí le tienen interpretando "I Quit", el testamento musical que D.J. Davis perpetra en el último episodio de la temporada.

 [3] Aquí les dejo el artículo original que se utilizó como base e inspiración para la investigación que Tony y L.P. llevan a cabo.