10 de abril de 2013

In The Flesh y lo zombie


¿Está lo zombie de moda? Indudablemente el género lleva un par de años acaparando un mercado generalista con éxitos en papel, televisión y gran pantalla. Los The Walking Dead, Guerra Mundial Z y derivados, por no meternos en terrenos ajenos como los videojuegos y sagas como Resident Evil, son franquicias de primer orden que enganchan a millones de personas en todo el mundo y hacen millonarios a sus autores. Pero lejos de este boom moderno que aparece al amparo del éxito de la explotación de otros monstruos del imaginario colectivo como son los vampiros, el género zombie, por su relación con la condición humana, siempre ha estado en boga. Como contexto, lo zombie siempre se ha utilizado como reflejo de los tiempos en los que le ha tocado vivir, constituyendo grandes manifiestos sobre la naturaleza humana. Por ello, se podría decir que es un género que está continuamente en reinvención y que siempre encuentra nuevas formas de expandir sus límites.

Siguiendo esta estela que series como Dead Seat o The Fades ya tomaron antes y con cierto aire reformista y casero que recuerda a la vuelta que le dio Toby Whithouse  a los canones del terror con Being Human, nace esta In The Flesh, miniserie de la BBC de tres episodios creada por Dominic Mitchell cuyo punto de partida es toda una declaración de intenciones arriesgada. ¿Qué pasaría si pudiéramos devolver la conciencia y la civilización mediante medicamentos a los muertos vivientes? La historia se centra en un joven, Kieren, que tras su "recuperación" vuelve a su pequeño pueblo y debe enfrentarse a la incomprensión y rabia de unos vecinos a los que no caía bien cuando estaba vivo y mucho menos ahora que es un ex devorador de personas.

De producción humilde pero de aspiraciones altas, In The Flesh es una historia de redención que explora los caminos de la culpa, la incomprensión y la intolerancia. Es ante todo un drama familiar que se centra en la figura rota de un adolescente inseguro y su búsqueda por lograr la estabilidad emocional que estando vivo nunca consiguió. Durante los cincuenta minutos que dura cada episodio no predomina la acción ni el gore, aunque están ahí, pero sí el dialogo y la pausa. Su relato es violento y desgarrador pero no de forma literal y no se toma molestia alguna, a estas alturas algo siempre positivo, en dar muchas explicaciones a su parte más mitológica [1].

Lamentablemente abre demasiadas vías que por su duración y condición de miniserie no explora demasiado y deja abiertas. Aunque el futuro de la serie no está cerrado, nunca se sabe, se torna bastante difícil que haya más In the Flesh en un futuro. Es una lástima, porque se esfuerza en crear un universo que posibilita una gran oportunidad para desarrollar una historia más longeva y, sobre todo, inexplorada por ahora. Pero nos queda el consuelo de saber que lo zombie siempre podrá "alimentarse" de lo humano y que más productos como In The Flesh llegarán para ocupar su hueco.

[1] No sabemos porque se alzan los muertos vivientes y poco se conocemos de ellos excepto que, al contrario que en la mayoría de revisiones del mito, sus mordeduras no causan contagio.