9 de julio de 2013

Skins Fire


Desde su estreno en 2007 Skins (E4) se convirtió en el referente de la ficción adolescente moderna. Este drama sobre las vicisitudes de un grupo de jóvenes amigos y residentes en Bristol que exploraba las miserias del crecer a golpe de desenfreno y fatalidad fue creado por Bryan Elsley y Jamie Brittain, un hijo y un padre que durante seis temporadas siguieron explorando las alegrías y miserias de la adolescencia tomando una decisión que de primeras resultó arriesgada y que después se convirtió en uno de los aspectos característicos de la serie. Cada dos años se hacía borrón y cuenta nueva y se empezaba otra vez de cero con otra hornada de chavales que tenían sus propias historias que contar. Durante su emisión regular Skins apostó por ese inmovilismo narrativo. Una serie sobre adolescentes interpretada por adolescentes y que no estaba interesada en el crecimiento de estos más allá de su llegada a la edad adulta.

Esta decisión les costó empezar a dar vueltas innecesarias sobre unos mismos temas y tener que recurrir cada vez más a unos giros de guión que demostraban, sobre todo a partir de su quinta temporada, el agotamiento de la formula original. La sensación era que Skins ya había dicho todo lo que tenía que decir y mientras que no empezara a moverse por otros derroteros continuar con la serie sería redundar en un mensaje que ya estaba claro y en unas formas que ya habían sido adquiridas por un buen puñado de series que bebían de ella y que podríamos catalogar como la generación postSkins. En cierto modo, y dentro de sus géneros, series como Misfits, The Inbetweeners, The Fades o Fresh Meat le deben mucho al éxito de Skins y a su visión descarada de la adolescencia. Una visión descarada que era solo fachada, como su tono de comedia, su puesta en escena colorista y su movida banda sonora. Porque en el fondo Skins siempre fue una de las series más tristes y pesimistas que podías echarte a la cara. Al estar contando una etapa muy concreta de la vida de sus personajes siempre se las arreglaba para dejar claro su mensaje:  la vida es una sucesión de pequeñas batallas que vienen dadas desde cualquier sitio y que puedes ganar o perder pero, con dieciocho años, estás muy lejos de encontrarte con un final feliz porque  queda mucho camino por recorrer y este es solo el principio.

Durante años siempre se especuló con la realización de una película que sirviera de despedida a unos personajes que los espectadores sentían como suyos y, con la cancelación de la serie, todo ese trabajo se convirtió en tres especiales centrados en tres personajes icónicos de la serie y divididos en seis episodios que forman esta séptima y última temporada. Effy, la mujer fatal, Cook el todoterreno y la naif Cassie fueron los elegidos para dar carpetazo a Skins en una decisión que, desde el principio, ya daban a entender las ganas de sus creadores de terminar su historia intentando dar un paso hacia delante no solo cronológico. Y es que, como nos muestra esta primera historia, Elsley y Brittain han entendido que si iban a traer de vuelta a su creación iba a ser para, por primera vez en años, evolucionar su concepto y sus formas. No solo sus personajes iban a crecer, también lo iba a hacer su obra.


Así pues abandonan la zona de confort de la serie y avanzan en sus miras. Las intenciones son las mismas, pero cambian las formas y el punto de vista. Se abandona el tono juvenil y el montaje frenético por una propuesta mucho más sobria. Ya no hay disfraces y Skins muestra sus cartas sin aderezos. Abandona los guiños al pasado y a modo de elipsis total sitúa a esos jóvenes perdidos en la mitad de la veintena sufriendo sus propios problemas derivados de los tiempos que les ha tocado vivir. No es casualidad que la acción se transporte hasta Londres y la historia se encuentre en el contexto de la crisis económica y financiera actual. Algo que sirve de contexto para una historia que, de nuevo, aborda la fragilidad de la naturaleza humana desde nuevas perspectivas. Y es que al hacer crecer a sus protagonistas Skins se permite  la posibilidad de contar nuevos temas y abordarlos desde una perspectiva más madura.

Esta decisión es sin duda una jugada arriesgada porque como ya hemos dicho abandona por completo el tono juvenil que era característico de la serie. Esto significa que, formalmente, Skins Fire funciona mucho mejor más como un producto único que como miembro de un todo. Y es que esta misma historia con otro nombre y otros personajes posiblemente no hubiera sido reconocida como parte de Skins. Porque este primer especial no representa, desde luego, una mirada cómplice para el fan. La decisión de como abordar esta historia no está tomada desde dar al espectador fiel lo que demandaba. En este sentido significa para este una patada en la entrepierna porque se encuentra ante un producto muy distinto al que podría esperar.

Así que a estas alturas, y con dos partes más por estrenar, cabe preguntarse si es un error tomar la decisión de realizar esta última temporada. Atendiendo a la calidad final de estos dos episodios la respuesta es sencilla. Skins Fire es un decente drama sobre la ambición, el amor y la identidad personal que a veces cae en el tópico y que no es particularmente rompedor. Pero si entendemos las series como un conjunto podemos concluir que a lo mejor no era necesario dar ningún epílogo a estos personajes. Y es que, en definitiva, podríamos concluir que Skins Fire es un drama decente pero no un buen cierre de la serie si atendemos a conceptos de estilo e identidad. Y nada hace indicar que las dos partes que quedan sean muy diferentes a esta Fire en este concepto.

[+] Música y Skins: You, My Everething es el tema en exclusiva que Ellie Goulding ha compuesto para este primer especial y suena así de bien.


[+] Este artículo se centra más en el análisis general que en los hechos de la historia. Por ello no se hace ninguna mención a la trama. Así que les pediría que tuvieran cuidado a la hora de comentar y dejaran bien claro antes, en el caso de hacerlo, que van comentar algún tipo de spoiler. Gracias.