7 de agosto de 2013

Lo bueno si es breve...


... ganancia de pescadores.

Desde el punto de vista del fan ávido de consumición tener cuatro episodios al año de Luther (BBC) se antoja desesperante. Y es que si echamos la vista atrás y recapitulamos, desde que la serie hiciera su debut allá por 2010 hemos podido ver y disfrutar la cifra de catorce episodios. ¡Catorce! ¡Un episodio cada dos meses y medio! Haciendo un ejercicio interesado de extrapolación tres temporadas de Luther equivalen prácticamente a una de Juego de Tronos (HBO) o a media de Once Upon a Time (ABC). ¿Pero sabéis qué? No es algo necesariamente malo.

Como ocurre con la mayoría de series inglesas o de cable americano, el tener menos episodios por temporada de lo que entendemos por lo habitual (aunque hablar de lo habitual para referirse a la televisión actual es generalizar mucho) te ofrece la oportunidad de condensar tramas, guardarte cartas y, hablando en plata, ir al grano. Y esto es muy importante porque además de evitar la repetición de esquemas ayuda a construirte como espectador una visión más favorable de la serie que estas consumiendo. Uno de los grandes aciertos de Luther es construir una atmósfera de tensión e intensidad continua que en exceso podría ser saturadora pero que al ser administradas durante una pequeña cantidad de episodios al año dejan en el paladar una sensación totalmente favorable. A estas alturas Luther no rompe su molde, si no que presenta cada año su excelente receta en fechas señaladas, como un banquete de Navidad. Sabes que vas a encontrarte y estás ansioso por ello y aún así el regocijo de consumirla es el mismo que el del año anterior.

Esto, evidentemente, no es la panacea. Menos episodios por tanda no significan siempre frescura. Se me vienen a la cabeza Dexter (Showtime), que tras maravillar con una propuesta rompedora cayó en la repetición y en el relato circular. Se atascó en su status quo durante demasiado tiempo revelándose como una propuesta mucho más conservadora de lo que apuntaba al principio. Y es que hay puntos de partida muy interesantes que, sin embargo, no dan para ocho temporadas tengan estas veinticuatro, trece o cuatro episodios. Por no mencionar que la capacidad de síntesis no está al alcance de muchos dando como resultado otro tipo de series como In the Flesh (BBC) que debido a su corta duración, tres episodios, acaba dejando en el tintero y sin desarrollar demasiadas vías que se preocupa en abrir pero no en cerrar. Pero afortunadamente ocurre todo lo contrario y, en una especie de equilibrio imposible, tenemos en el otro extremo de la balanza una serie como The Good Wife (CBS) que lleva tres temporadas ofreciendo veintidós episodios al año y que se encuentra tan fresca como el primer día. Cuestión de planificación y talento.

Porque todo se reduce a un tema de mercado. No es lo mismo el consumo británico de series que el americano. Y dentro de este último la diferencia entre el cable (básico o premium) y las network es también, en ocasiones, abismal. Pero cada cierto tiempo aparecen raras avis que se desmarcan de lo establecido y abren nuevos caminos. Uno de estos últimos ejemplos sería Hannibal que, siendo una serie de NBC, ha apostado por ofrecer una temporada de trece episodios en los que se mezcla la narración horizontal y vertical, la trama cerrada de cada episodio con la historia global de la temporada, al más puro estilo de una serie de cable como Justified (FX), la actual reina de esta práctica. Por lo pronto la cadena va a repetir jugada con Dracula, otra producción fraccionada que como la serie de Fuller puede verse beneficiada en su andadura y renovación por el poco coste (comparado con producciones similares) que suponen para la cadena.

Afortunadamente existe tal cantidad de oferta televisiva que la angustia por saber que tienes que esperar un año para volver a ver un episodio de una de tus series favoritas se apaga a los pocos días, cuando ya estás inmerso en plena temporada de otra. Y así en un círculo vicioso de consumo rápido, del aquí y el ahora, que nos mantiene alimentados continuamente. Aunque eso no quita que ya esté echando de menos Luther.