24 de mayo de 2014

Go Team Venture!


"I don't know, they just DO that."
Brock Samson

Es justo asumir que aquellos que nos criamos con repeticiones de Jonny Quest terminamos planteándonos cosas. La nostalgia ha sido siempre un pozo sin fondo para la sátira, pero la serie en cuestión, el primer proyecto de acción del estudio Hanna-Barbera allá por los 60, era especialmente propensa a ello, y no fuimos pocos (Tom Minton y el equipo de Freakazoid! entre ellos) los que la encontramos altamente parodiable de la forma más encantadora. Pero, hasta donde sé, sólo una persona vio en ella el potencial suficiente como para construir un elaboradísimo mundo a partir de una idea que pareció nacer exclusivamente para reírse de la misma.

Esa persona era Chris McCulloch, un dibujante que, mientras escribía en la infravalorada The Tick, empezó a elaborar un comic-book de 24 páginas parodiando la serie de su infancia, hasta que éste creció demasiado como para seguir siendo ese cómic. Con una biblia de tamaño considerable, McCulloch partió a vender su idea a Comedy Central a partir del simple planteamiento "¿cómo termina siendo a los 40 un niño criado de forma tan irresponsable como Quest?". Fue rechazado.

Su creador, lejos de rendirse, escribió el episodio piloto de su serie y se lo presentó a una joven Adult Swim, que se interesó en la serie tras plantear ciertos cambios: no habría continuidad, no habría arcos, los episodios durarían la mitad. McCulloch los rechazó todos. La serie terminó saliendo adelante sin cambio alguno, y años después, Mike Lazzo, respetado productor ejecutivo de Adult Swim, declaró abiertamente respecto a lo propuesto: "nos equivocamos por completo".

Pero, siendo justos, ¿cómo podían saber ellos (por no hablar de nosotros) que la mente de McCulloch planeaba tamaña evolución para su proyecto? Vistos hoy en día, el piloto de la serie e incluso gran parte de su primera temporada resultan hasta rudimentarios en comparación con el apabullante universo que la serie terminó ofreciéndonos. Descúbranlo conmigo.

Tras un piloto que la cadena pudo tachar de éxito de audiencias, un McCulloch ya convertido en Jackson Publick [1] (la razón de ser de tal apodo, que encontrarán abajo, define a las mil maravillas su sentido del humor) unió fuerzas con Doc Hammer para elaborar a cuatro manos los guiones de su primera temporada, equipo que seguirían formando hasta hoy en día para deleite general (y cuya única excepción se encuentra en la segunda temporada, en la que concedieron a su viejo amigo Ben Edlund [2] la oportunidad de firmar un hilarante prólogo al season finale).

La primera temporada en cuestión, como he mencionado antes, fue un terreno de prueba cuyos inicios, por petición específica de una Adult Swim en pleno apogeo de Harvey Birdman, se centraron más en parodiar las convenciones de Quest que en elaborar un trasfondo único y personal. Pero el potencial estaba ahí, y fue en los dos últimos episodios de la misma donde Publick y Hammer introdujeron un arco tremendamente peculiar y rompedor, esperando una cancelación prácticamente segura. Les renovaron casi de inmediato.

Su segunda temporada fue el inicio de algo maravilloso. Finalmente libres de combatir sugerencias constantes de la cadena, unos desenfadados Publick y Hammer perdieron todo miedo y empezaron a introducir episodios tan rematadamente rocambolescos como Escape to the House of Mummies (Part II), el punto medio de una trilogía inexistente cuyo "resumen del episodio anterior" nos mostraba una posible media hora de material sin sentido alguno en menos de dos minutos, y que sin embargo encajaba a la perfección tanto con las tramas de la serie como con su propio mantra. La serie, sin perder ni un ápice de hilaridad, planteó al mismo tiempo toda clase de subtramas que concedieron al espectador de Adult Swim algo que hasta ahora nunca había pasado por la misma: una evolución constante de personajes, tan indescriptible que un servidor trataría de compararla con combinar un drama de la HBO con una extraña forma de aplicar las reglas de tebeos superheroicos al mundo real (les dije que era indescriptible, pero yo lo he intentado).

La tercera temporada, sin dejar de permitir que sus personajes crecieran constantemente (la familia que da nombre a la serie ni siquiera aparece en el premiere, dedicado exclusivamente a conceder toneladas de capas extra al antagonista principal de los mismos), empezó a plantar semillas para toda clase de complejos arcos que iríamos viendo resueltos lentamente, tanto mediante clímax tremebundos (el colofón de éstos probablemente se encuentre en el season finale doble de la misma) como a través de anti-clímax aún mayores (ver todo lo iniciado en "Orb").

Y es quizá aquí donde la serie da su mayor giro. Si podemos considerar las tres primeras temporadas como el retrato de personas obsesionadas con vivir bajo el peso del pasado; de la cuarta en adelante, con la marcha (enteramente intencionada por Publick y Hammer) de uno de los personajes principales y los intentos del resto de adaptarse a esto, vemos como la serie nos habla de cómo estas mismas personas tratan de abrirse camino hacia el futuro dentro de este mundo. Es aquí, en la temporada más larga de la serie, donde el espectador se encuentra con el que, personalmente, me parece el mayor logro de la misma hasta la fecha: el pseudo-episodio doble que nos narra el verano de cada uno de los hermanos protagonistas. El primero en particular, "Everybody Comes To Hank's", inserta una de las revelaciones más sorprendentes y devastadoras de la serie entera dentro de una trama enteramente conceptual, reminiscente de los mejores Community, planteada como una novela noir. Incluso por encima de su (ya por tradición) espectacular finale, es el cénit de la cuarta temporada y de la serie a día de hoy: 22 minutos que funcionan como un reloj suizo, y una de las cosas más bonitas a nivel narrativo que he presenciado en muchísimo tiempo.

Les podría hablar de lo emitido de la quinta hasta la fecha, que alcanza un nivel en el que prácticamente todo episodio podría funcionar como su season finale (si ven la serie entenderán que esto es el mayor meta-halago que podría concederle), pero creo que ya me extendido lo suficiente. Descúbranla por ustedes mismos. Sumérjanse en este delirante universo pulp en el que todos y cada uno de los miembros del cast (que se cuenta ya por cientos) podrían protagonizar una spin-off propia. Griten ante su pantalla un "Go Team Venture!" con nosotros. Sospecho que no se arrepentirán.

Y qué diablos - si se terminan arrepintiendo, la serie siempre ha tratado de plasmar lo bello del fracaso. No está de más que este artículo lo complemente.

[1] McCulloch creó el nombre "Jackson Publick III" como modo de poder mentir como un bellaco en toda entrevista, en las que hablaría de su apabullante vida con supermodelos y de su herencia como guionista de tercera generación cuya serie se basaba en las obras pulp de su padre y su abuelo, cuyas novelas narraron las dos generaciones anteriores de Ventures. Le pilló el primer entrevistador.

[2] Además de crear la anteriormente mencionada The Tick, Edlund es un excelente guionista que ha concebido algunos de los momentos más memorables de la obra de Joss Whedon, entre los que se encuentran Ángel-marioneta, la idea original de Bad Horse en Dr. Horrible's Sing-Along Blog, y cierto planeta de barro que veneraba a Jayne en Firefly. Cantemos en su honor.