9 de junio de 2016

No hay nada en televisión como The Chris Gethard Show (y te lo estás perdiendo).

Sí, es Jon Hamm disfrazado de luchador de sumo.














El éxito de The Chris Gethard Show (TCGS) se basa en dos pilares fundamentales cuya combinación le convierten en una rara avis dentro de la televisión. Primero, es un proyecto muy personal de Chris Gethard y su equipo que llevan desarrollando desde su época en el Upright Citizens Brigade Theatre, el templo de la improvisación de Nueva York. Tras comprobar que era casi imposible adaptarlo a la televisión convencional sin tener que renunciar a sus señas de identidad, se trasladó a la televisión local, donde los medios eran casi inexistentes. Lo podéis comprobar viendo cualquiera de sus programas de esa época, en los que su mayor pieza de atrezzo era una sabana mal pintada. Pero no dejéis que su estética o la fata de medios os eche para atrás, porque debajo de eso hay una intención de traspasar los límites de lo establecido y de proponer constantemente nuevas ideas y conceptos por muy estúpidos que suenen a priori (y se acaben demostrando a posteriori) [1]. Algo que Fusion, una cadena de cable con solo tres años de vida, supo ver al apostar por el formato. Primero de forma algo restringida con episodios más cortos de lo normal y mucho más editados que de costumbre y después volviendo a los casi 50 minutos de duración y siendo más flexibles a la hora de estructurar el show. Un cambio que le acercó de nuevo al corazón del proyecto y que ha conseguido que se pueda decir sin ningún rubor que esta segunda temporada que acaba de acabar ha sido de lo mejor que se ha emitido en televisión los últimos meses (con permiso del Full Frontal de Samantha Bee).

El segundo de sus puntos fuertes reside en la comunidad que ha logrado crear durante todos estos años. Esa extensa andadura no solo ha dotado al programa de una larga y compleja mitología propia [2], si no que ha conseguido crear una base de fans incondicionales. TCGS es, aparte de un programa de humor, un lugar de encuentro para muchísima gente que no se siente representada en otros lugares a los que Gethard brinda una plataforma para poder expresarse. Es en este sentido donde el show traspasa la barrera del entretenimiento más convencional y se convierte en un programa a reivindicar. Desde recrear junto a Lena Dunham un baile de promoción abierto para todos aquellos que por diferentes motivos no pudieron disfrutar del suyo hasta dedicar un programa entero para hablar sobre el tabú de la salud mental y mediación con Maria Bamford de invitada. El plató del programa y sus diferentes perfiles en redes sociales se han convertido en punto de encuentro y espacio seguro para todos aquellos que se sienten atraídos por el humor brutalmente honesto que propone Gethard [3], siempre dispuesto a ser el primero en abrirse y exponer sus experiencias.

Esa honestidad que buscan Gethard y los suyos como cómicos se ve reflejada también en el formato del programa. En un panorama en el que el resto de late nights centrados en el entretenimiento no hay ni un mínimo espacio para la sorpresa y en el que todo está pactado, TCGS apuesta por rebajar el peso del guión a favor de generar pequeños momentos de improvisación y, sobre todo, construir un ambiente relajado en el que tanto el presentador como sus invitados se presentan ante el público de una forma más natural y menos encorsetada. Un caos organizado con el que sus creadores juegan y en el que la línea entre guión e improvisación es siempre difusa [4]. No es casualidad que el propio Gethard sea un apasionado del wrestling, un espectáculo que ha basado siempre su éxito en esa dicotomía entre realidad y ficción y al que el programa ha brindado su propio homenaje en el último capitulo emitido hasta la fecha.  

A día de hoy se desconoce cual será el futuro de TCGS. Las audiencias de Fusion son tan bajas que Nielsen no es capaz de monitorizarlas con éxito, pero según la cadena su audiencia ha crecido en un dieciséis por ciento en comparación con la temporada pasada y su influencia digital lo ha hecho en un seiscientos por cien. Es evidente que el programa se lo debe todo a Internet desde sus inicios y que la decisión de seguir emitiendo en directo a través de streaming las grabaciones de cada episodio responde a ello. Así que todo hace indicar que el programa continuará de una forma u otra, con o sin Fusion de la mano. Lo que sería una estupenda noticia para la televisión porque, sin The Chris Gethard Show, esta sería mucho más monótona. Y sobre todo mucho menos divertida.

[1] Grandes hits en este aspecto (sirva esta mini lista como una especia de top): Caller Critiques, en el que Jake Fogelnest se dedica a analizar y evaluar las llamadas del público, Lookin' At Dicks In The Dark: A New Low, un programa que hace honor literal a su titulo, Speed Wedding, donde tres parejas se casan en el programa con Will Ferrell siendo el encargado de dar el discurso de bodas o el mas reciente One Man Trash, en el que el público tiene que averiguar que hay dentro de un contenedor de basura mientras Paul Scheer Jason Mantzoukas hacen todo lo posible para boicotear el programa.

[2] Uno de los grandes problemas a la hora de ponerse a bucear en el archivo del programa es saber por donde empezar. Personalmente creo que la mayoría de sus episodios pueden verse de forma descontinuada pero un visionado en orden cronológico es lo ideal para adentrarse de lleno en esa mitología.

[3] Esta faceta de Gethard se puede ver de mejor forma en su reciente podcast, Beautiful Stories From Anonymous People, en el que en cada episodio tiene una charla con una persona al azar que llama por teléfono. ¿Las reglas? La persona debe mantenerse anónima, puede hablar de lo que quiera y solo ella decide cuando se acaba la conversación.

[4] Como el caso de la visita de P. Diddy al programa debido a la cancelación de última hora de Pete Holmes. Aunque Gethard y parte del equipo se habían puesto en contacto con el rapero, su aparición continuaba siendo una incógnita una vez empezadoa la grabación. Así que cuando el Diddy entró por la puerta pasados más de diez minutos de grabación  y "salvó el programa" puedes ver que las reacciones de sorpresa, aunque algo esperadas, eran reales.