29 de septiembre de 2011

Las noches de Comedy Central


Comencemos con un poco de historia. En 1996 Comedy Central estrena The Daily Show, un late night presentado por Craig Kilborn del que un servidor no estaría hablando si no fuera porque tres años después Kilborn dejó su puesto a Jon Stewart, el encargado de hacer leyenda. Stewart transformó el programa y lo centro en la sátira política, se rodeo de lo mejor que encontraba creando una de las mejores canteras de comedia existentes y, por el camino, lleva ya conseguidos dieciséis premios Emmy. Ah, y un spin off, pero de eso hablaremos más adelante.

¿Por qué sátira política? Posiblemente porque antes de hacerse cargo de la producción ejecutiva del programa Stewart fue, entre otras muchas cosas, editor de The Onion [1], el periódico de sátira social famoso por sus noticias falsas y burla al periodismo [2]. Lo cierto es que la decisión no pudo ser más acertada porque gracias a ella el programa subió su audiencia de forma considerable, llegando a los mas de tres millones y medio de espectadores con la aparición de Barack Obama en 2008 [3].

Pero si importante es la figura de Stewart, más lo es la de los corresponsales. Colaborades de diversos segmentos del programa (reportajes, sketches o secciones propias) que son una extensión de la filosofía del mismo. Cómicos de primera fila o desconocidos talentos [4] representados en las figuras de más exito que el programa ha dado. Los Stephven, Steve Carrell y Stephen Colbert.


Del primero sabemos que tras el éxito y catapulta que le dio el programa acabó triunfando en The Office convirtiéndose en un actor y cómico reconocido a nivel mundial y del segundo... bueno, al segundo hay que darle de comer a parte.

Porque tal fue la repercusión del personaje de Colbert, un periodista republicano que no desentonaría en ninguna tertulia de Fox News, que en 2005 se ganó su propio programa. Emitido seguidamente después que The Daily Show, The Colbert Report es a los programas políticos conservadores de Estados Unidos lo que The Onion a la prensa en general. Pero es que la precisión en la sátira de Colbert y la habilidad de este a la hora de mimetizarse con el personaje es tal que no son pocos los seguidores del personaje que de verdad creen en la existencia como tal del mismo.

Para que se hagan una idea de a lo que me refiero, y como final del artículo, les dejo con la actuación de Colbert en la tradicional cena con los corresponsales de prensa de la Casa Blanca, donde, sin despegarse del personaje, el bueno de Stephen le dio un buen rapapolvos al por entonces presidente, George W. Bush, utilizando un discurso, además, muy cercano a los roasts que comentábamos la semana pasada:


Aquí la versión completa de más de veinte minutos que, por desgracia, no puede ser insertada.

 [1] De The Onion nace, por cierto, The A.V. Club, publicación cultural que, entre secciones de cine, libros o música, posee una base de datos sobre televisión de obligada lectura con reviews, reportajes y entrevistas tanto de las novedades como de series más clásicas.

[2] Un saludo para los talentosos muchachos de El Mundo Today.

[3] Que pueden ver en la extensa colección de clips del programa alojados en su página web.

[4] Una larga lista con nombres como John Oliver, Lewis Black, Ed Helms, Olivia Munn, Susie Essman, Caroline Rhea o Jeff Ross.

28 de septiembre de 2011

The Fades


En el hipotético caso en el que solo pudieran seguir una serie estrenada este comienzo de temporada, que sea The Fades. Bueno que sea The Fades y otra, porque la serie de Jack Thorne [1] para BBC3 constará de seis episodios en un su primera temporada, por lo que seguramente no les quitará mucho de su tiempo.

¿Pero qué ofrece la serie? The Fades es un drama adolescente de ambientación supernatural y con una estética muy deudora del cine de terror. Casi ná, así que vayamos poco a poco. Por una parte recoge el relato realista de la adolescencia británica heredera de Skins y lo introduce en una trama supernatural en la que su joven protagonista, Paul, es un chaval tímido e inseguro de sí mismo que tiene el don de ver todos aquellos espíritus que no consiguen abandonar el mundo después de la muerte. Y, por si eso no fuera poco, a todo esto se le suman las visiones apocalípticas que le atormentan y la introducción de otros seres terroríficos que representan un peligro mayor para la supervivencia de la raza humana.

En The Fades se condensan humor, drama y terror con un pulso de hierro lo que la posiciona en la otra cara de la moneda que una serie que, por definición, podría parecersela, Misfits. Pero donde esta última es gamberra, frenética e irreverente, The Fades es pausada, hostil y afectada en el mejor significado de la palabra.

Es, en definitiva, la serie que en este mes loco de pilotos, estrenos y regresos más les recomiendo para echar el lazo. Un mes de novedades, por cierto, bastante desastroso en su totalidad por lo que tocará esperar unos meses para comprobar si se producirá una previsible remontada o poner todas la esperanzas a una mid season que vendrá cargada con más de un proyecto de altura.

[1] El currículo del señor Thorne: guionista de Skins, Shameless y This is England '86 y co-creador de Casts Offs. También es un apasionado de la lectura, el deporte y la vida sana y posee conocimientos de informática a nivel usuario.

23 de septiembre de 2011

Fresh Meat

Mientras la NBC canceló vilmente la mejor serie adolescente que jamás se emitió en los Estados Unidos (por supuesto estoy hablando de Freaks & Geeks), en el Reino Unido Channel 4 no deja de ampliar su brillante catálogo de series de carácter juvenil, especializadas en reflejar, con distintos enfoques, lo que representa ser un adolescente en el siglo XXI. Con Fresh Meat, nueva serie que se emite los miércoles, nos sumergimos en una nueva etapa: la entrada a la universidad, el turbulento limbo que existe entre la adolescencia y la adultez, y la difícil tarea de reinventarse sin perder tu personalidad.


Siguiendo los pasos de sus antecesoras, Fresh Meat ataca con el clásico realismo sucio y la honestidad brutal de las series inglesas, situaciones y sentimientos típicos con las que resulta fácil sentirse identificado: pasar a ser independiente, la incomodidad social, aprender a convivir con desconocidos, las tonterías que decimos y hacemos para caer bien, la imperiosa necesidad de follar lo antes posible... Los diálogos altamente inspirados ("En esta casa somos demasiado Hufflepuff...") y el genial delivery de un reparto de jóvenes actores de gran nivel conforman un primer episodio que funciona y hace reír prácticamente desde el primer minuto. También hacen un muy buen trabajo de presentación, dibujando un grupo de personajes carismáticos, con personalidades creíbles y reconocibles. Destacan la inocente pareja protagonista que forman Josie y Kingsley (interpretado por Joe Thomas, en un papel similar al que hacía en de The Inbetweeners) y el robaescenas JP, un douchebag de manual.

En resumidas cuentas, una serie altamente recomendable que sin lugar a dudas gustará a los seguidores de Skins, The Inbetweeners y Misfits (que en un diagrama de Venn son prácticamente el mismo círculo). Mientras los americanos todavía se preguntan qué cojones era ese engendro de la MTV (el fallido remake de Skins) y lo más parecido que tienen a una serie juvenil son los culebrones artificiales de The CW; la televisión británica, con sus temporadas "pequeñas" (aunque yo prefiero términos como "concentradas" o "sin relleno"), sus cuidados guiones de autor y su cantera de actores ilimitada, es capaz de producir series de altísima calidad, capaces de abordar y profundizar en temas universales con realismo y sentido del humor.

21 de septiembre de 2011

The Roast of Charlie Sheen


Siendo breve e intentando ser claro, los roast son homenajes a la inversa. Espectáculos de gran tradición en los yuesei en los que una figura reconocida se sienta a observar como otra serie de personas, amigos en su gran mayoría liderados por una figura que hace de conductor, le vapulean y ponen en ridículo (y se vapulean y ponen en ridículo entre sí). Pero estos roast han evolucionado mucho desde su concepción en el club Friar [1] y su primer auge televisivo en los años setenta y actualmente, aupados por lo que podríamos llamar la comedia de insulto, son los representantes del humor televisado más extremo posible [2].

En esta tesitura se encuentran los roast de Comedy Central, hoy por hoy en boca de muchos por su último invitado de honor, Charlie Sheen. El bueno de Charlie, tras la la campaña auto destructiva de los últimos meses, parece estar acomodando su figura pública para su más que inminente regreso. Primero con la aparición, con disculpas incluidas, en la ultima gala de los Emmy y después con la emisión de este programa especial la misma noche que medio Estados Unidos tenía un ojo puesto en el estreno del primer episodio de Two and a Half Men sin su estrella.

Con Seth MacFarlane como roastmaster (lo que le gusta a esta gente ponerse títulos), introducción rockera por parte de Slah y unas cuantas estrellas entre el público (incluida una de las ex mujeres del invitado de honor) el roast de Charlie Sheen contó con un buen puñado de talentosos cómicos, actores, amigos y Jon Lovitz [3] y culminó con Sheen haciendo su alegato final, el que parece que pone fin a la pantomima que lleva meses protagonizando y, algo me dice, que minuciosamente preparando:

"I'm done with the winning, because I've already won. This roast may be over, but I'm Charlie Sheen and in here burns an eternal fire"

[1] El club Friar de Nueva York es una organización privada de principios del siglo pasado formada por cómicos y actores cuyos miembros son los ideólogos de estos roast y cuyo actual Roadmaster GeneralJeff Ross, es roaster asiduo de estos especiales de Comedy Central a la vez que escritor y productor de los mismos.

[2] No solo por el hecho de basarse muchas veces en el insulto más gratuito, si no también por no tener ningún límite a la hora de abordar los temas a tratar. Una evolución que los amantes del roast clásico aborrecen y que no dudan en calificar como inmmoral.

[3] El actor, e ídolo de MacFarlane y de cualquier persona de bien, William Shatner, los cómicos Jeff Ross, Patrice O´neill, Anthony Jeselnik y Amy Schumer, amigos como Myke Tyson y Stev-O y la actriz Kate Walsh en un registro muy apartado al que nos tiene acostumbrados en esas series en las que aparece y que nadie ve.

20 de septiembre de 2011

[Episodios Clásicos] Seinfeld: The Pitch/The Ticket


Cualquier episodio de Seinfeld serviría para relatar una tesis sobre el comportamiento humano, pero este episodio doble de la cuarta temporada en especial es relevante por otros dos principales motivos. Por una parte es el comienzo del primer arco argumental continuo de la serie y, por la otra, ese arco argumental es una recreación hiperbólica del proceso de creación y maduración de la serie por parte de Jerry Seinfeld y Larry David, comenzando así a introducir esos elementos metalingüísticos e intertextuales que el último tan bien maneja y que le han llevado al éxito con Curb Your Enthusiasm.

En The Pitch /The Locker nos encontramos con una historia en la que unos productores de la NBC abordan a Jerry en un bar para proponerle la idea de crear un show para televisión gracias a su talento cómico. Es desde entonces cuando Jorge, alter ego de David en la serie, se sube al carro ante la posibilidad de ganar una buena cantidad de dinero. Y si bien es cierto que todas las dudas reales de David a la hora de presentar la idea de la serie, al igual que su fuerte convencimiento de defenderlas ante todo, están representadas en cada una de las palabras que Jorge suelta por la boca durante todo el episodio, tan bien lo es que hay una diferencia notable en este caso entre realidad y ficción. Jorge Constanza no es un genio de la comedia y escritura como David, por lo que su mezquindad y egoísta forma de ver el mundo le deja como un bufón y no como el creador revolucionario que aparenta ser. Pero a pesar de ello, todo el episodio subraya la dependencia de David y Seinfeld a la hora de crear y escribir la serie y lo complementario de sus personalidades, posiblemente uno de los factores predominantes a la hora de desgranar las razones del éxito y calidad de la serie.

Y por supuesto, gracias a este episodio la frase "es una serie acerca de nada" se convirtió en la coletilla favorita para definir Seinfeld.


La subtrama del episodio, una historias más convencional en cuanto formato, sigue las diferencias entre Krammer y Newman, primero por un intercambio de objetos fraudulento, Krammer le cambia un detector de radares roto a Newman por un casco de moto, y segundo por el juicio para evitar que este último pague una multa de tráfico que si el aparato hubiera funcionado no hubiera tenido.  Y en este punto toca acordarse del personaje de Elanie que aparece en un par de cortes grabados independientemente y que en los dos episodios anteriores que abrían la temporada, The Trip, ni siquiera aparecía. Tal circunstancia se debió a que por esas fechas, Julia Louis-Deyfruss disfrutaba de la baja maternal por el nacimiento de su primer hijo y no sería hasta el siguiente episodio, The Wallet, cuando retomara el rol de Elaine de manera habitual.

Y para finalizar, uno de los gags más reconocidos de toda la serie, que aparecía en este episodio. Jerry tratando con las llamadas de telemarketing :


- Hi, would you be interested in switching over to TMI long distance service.
- Oh, gee, I can't talk right now. Why don't you give me your home number and I'll call you later.
- Uh, I'm sorry we're not allowed to do that.
- Oh, I guess you don't want people calling you at home.
- No.
- Well now you know how I feel. 

19 de septiembre de 2011

Amy Williams


Tal como ocurre con las interminables grandes sagas de supehéores de tebeo, en las que es más interesante leer por autores o sagas y no tanto seguir una continuidad, Doctor Who basa mucho su visionado en las interpretaciones que dan los autores sobre el mito. Tanto de forma global, el gran arco argumental de Steven Moffat de las dos últimas temporadas, como de forma individual, como ya hacían el propio escocés en la época de Rusell T. Davies y otros muchos, como Mark Gattis, estos autores han ido configurando con más o menos acierto una visión personal de entender la serie dentro de un conjunto más uniforme.

En este contexto aparece también Toby Whithouse [1], creador de Being Human y autor de un par de episodios de Doctor Who de esos que pasan con más pena que gloria, School Reunion y The Vampires of Venice. En el primero, el que nos interesa para analizar lo ocurrido en el último episodio hasta ahora de la serie, The God´s Complex, Whithouse ya se valió de la vuelta de la más excelsas de las compañeras de El Doctor, Sarah Jane, para desarrollar uno de los puntos en los que más pivota la serie, la relación del señor del tiempo con la gente que le rodea.

Y así es como llegamos a Amy Pond, Rory Williams y la anomalía que presentan como compañeros de viaje del Doctor. Whithouse nos muestra un Doctor consciente más que nunca  del efecto de su influencia hacia las personas con las que viaja lo que, unido a su historia con Amy, da como resultado una vuelta de tuerca a una constante en la historia de la serie. La experiencia vital de Amy como viajera de la TARDIS y su destino como tal [2] es opuesto a lo acostumbrado. De lo excepcional a lo ordinario, El Doctor primero arruina la vida de Amy, la chica que esperó y esperó, para luego arreglársela. Todo ello narrado consecuentemente con la personalidad de este undécimo Doctor, más viejo, menos escrupuloso y más consciente de sus pecados pasados. Y sin dejar de lado el desarrollo de la relación de este con un Rory que, a su manera, también representa un cambio en el rol típico de compañero. Y es que por encima de la magnificencia de los viajes temporales, y alejado del magnetismo de El Doctor, la máxima razón que tiene para seguir viajando, y arriesgando su vida, es su esposa.

[1] Un Toby Whithouse que parece ser el mejor posicionado, por cierto, para ser el sustituto de Steven Moffat en la producción ejecutiva de la serie.

[2] Por ahora, porque nos queda un final de temporada que puede contradecir todo esto y haga que dentro de tres semanas me tengan por aquí arrepintiéndome de tanta apresuración y resulte que tengamos matrimonio Pond para rato.

18 de septiembre de 2011

Mis Emmys


A pocas horas de que la alfombra roja se despliegue, estos son mis favoritos para llevarse la famosa estatuilla de la señora desnuda con cuernos de toro a la espalda que sujeta un ovillo de hilo. Pero hilo del bueno, eh, que se note donde hay dineros:

- Mejor drama: Glee. Nunca he llorado pasándolo tan mal como aquella vez que vi cinco minutos de un episodio. La gran favorita, sin duda.

- Mejor actor/actriz/actor secundario/actriz secundaria de drama: Está es muy fácil. Kevin Dillon es el único actor, hoy por hoy, nominable a un premio por ser capaz de interpretar a Johny Drama.

- Mejor comedia: Por sexagésimotercera vez consecutiva, el Emmy a la mejor comedia es para... ¡la lista de nominados de los Emmys!

- Mejor actor de comedia: Steve Buscemi, por tener una cara de la que es imposible no reírse cada vez que la ves.

- Mejor actriz de comedia: Christina Hendriks, para que complete la vitrina de premios junto a sus Globos de Oro.

- Mejor actor secundario de comedia: Un galardón para un veterano que lleva toda una vida rematando los chistes de sus compañeros de reparto. Un más que merecido premio que llega en el ocaso de su carrera para las risas enlatadas.

- Mejor actriz secundaria de comedia: Chris Colfer por su excelente trabajo en el drama favorito del público, Glee.
Un momento, un momento, Álex. Para el carro.
- Dígame querido espectador.
- Muy graciosa la entrada hasta ahora, pero me temo que has cometido un error con lo de Chris Colfer.
- ¿Un error? ¿Está seguro?
- Por supuesto. No puedes nominarle como mejor actriz secundaria de comedia, hombre.
- ¿Por qué no?
- Porque ya has puesto a Glee como drama. Es una contradicción, no tiene sentido.
- También es una contradicción sin sentido que Modern Family opte a siete nominaciones por comedia en los Emmy de verdad y nadie dice nada.
- Ahí me has pillado.
- Mejor miniserie o película para la televisión: Premio ex aequo para Lone Star y My Generation. No hubo series más minis que ellas en toda la temporada.

- Mejor reality: Dos Hombres y Medio, por mostrar al gran público la decadencia y bajada a los infiernos de Charlie Sheen.


Aunque bueno, esta es solo una humilde quiniela. Seguro que al final se lo lleva todo el Ala Oeste de la Casa Blanca, como siempre.

16 de septiembre de 2011

El superhombre


Que la séptima temporada de Curb Your Enthusiasm hubiese sido la última, no hubiera supesto ningún drama. Y es que la no reunión de Seinfeld podría haber sido un final redondo que cerraría perfectamente el círculo intertextual en el que se mueve la serie y, de paso, hubiera ofrecido una despedida a los espectadores estando en lo más alto de la comedia, sin dejar que ningún previsible bajón pudiera dejar una sensación agridulce en nuestras mentes. Pero Curb Your Enthusiasm es droga, y Larry David es el camello que sabe que mientras su mercancía mantenga la calidad va a poder seguir vendiéndola hasta que nosotros, pobres adictos, sigamos comprándola.

Y deberíamos dar gracias por ello cada día.

Porque, más o menos acertado, el esquema de Curb Your Enthusiasm se mantiene invariable y centrado en las manías, acciones y costumbres de un superhéroe moderno que lucha contra los más variados e infames villanos de las sociedades modernas: el costumbrismo, las convicciones sociales, el buenrollismo y la corrección política. Un héroe de a pie al que a más de uno le gustaría encarnar mientras una señora con carrito se le cuela en la cola de la panadería, ese es el Larry David ficticio. Un Larry David que sigue generando un ideario sobre como vivir libre en los tiempos que corren, al cual solo se le puede criticar el hecho de que las consecuencias de sus actos no sean tan devastadores al tratase de una persona social y económicamente acomodada.

Pero tal crítica sería muy de cogérsela con papel de fumar, y echársela en cara significaría que poco hemos aprendido en estos últimos once años.

Y si bien la trama central de esta temporada, el viaje a la más judía de las Nueva York, se queda como un mero cambio de aires (cambios que desde el principio están representados en un Larry David soltero y, por tanto, más auto destructivo que nunca), Curb Your Entusiasm sigue mostrando una capacidad notable para crear guiones en los que cada chiste y dialogo son partes de un todo que explota al final de cada episodio. Episodios que forman otra gran estructura que, circularmente, nos llevan de viaje hacia las fobias y filias de David. Porque por mucho que cambie el entorno, esta última temporada de Curb Your Enthusiasm nos viene a relatar que la guerra que mantiene Larry David es global [1], aunque se le saque de la seguridad de su pequeño mundo burbuja.

Todavía no se sabe si habrá novena temporada para la serie. Pero en pos de esa intertextualidad, una vez llegados a este punto, ¿no sería fabuloso que Curb Your Enthusiasm terminara en su novena temporada? Sí, ya saben, como lo hizo la mejor sitcom de la historia.

[1] La octava temporada de la serie empieza y acaba de la misma forma, pero en diferentes ambientes. Con Larry discutiendo por un coche mal aparcado.

12 de septiembre de 2011

Chears


Aunque parezca mentira, lo peor de la adaptación española de Cheers no es su carente falta de ritmo cómico, sus forzadísimos chistes o su sonrojante falta de timing a la hora de introducir las risas enlatadas entre los dialogos, no. Lo peor de Chears (que es así como la voy a llamar a partir de ahora para diferenciarla de la serie original) es que expone al detalle una triste realidad de una gran parte de la ficción española. Que se encuentra a treinta años de retraso, y gracias, respecto a la vanguardia televisiva.

Y es que independientemente de que se trate de un remake o no, y evitando cualquier tipo de comparación con la serie de James Burrows y los hermanos Charles, Chears cae por su propio peso. Y lo hace porque acumula la mayoría de los vicios de la comedia de prime time actual. Actores que no son cómicos, repetición de los mismos chistes de siempre, nulo riesgo, guiones desajustados y una realización desastrosa. Al menos, ¡qué no todo va a ser malo!, alguna mente preclara ha tenido a bien ver que esto no da para un episodio de noventa minutos y con Chears se ha optado por el formato que mejor le viene a la sitcom, los treinta minutos máximos [1].

Si todo transcurre con normalidad, Chears coleccionará estupendos porcentajes de share y acumulará millones de espectadores cada semana. Porque parte de este inmovilismo se debe al respaldo que reciben estas producciones por parte de un público pasivo que solo quiere sentarse a ver la tele el domingo por la noche para llevarse una alegría antes de volver a trabajar el lunes y que le es indiferente ver Chears, Aída o cualquiera de las series o programas que les de a las cadenas por programar. Un público utilizado por los grandes jefes de este negocio, que respaldándose en esos números (falsos y manipulados) [2] de audiencias se amparan en la gran mentira de la televisión: "le damos al público lo que el público quiere". Ja. La pescadilla que se muerde la cola.

Así que ya puestos a destrozar legados, propongo hacerlo bien, desde el principio. Copiar Te Quiero Lucy y tirar a partir de ahí, a ver si con un poco de suerte dentro de otros treinta años nuestros hijos y nietos puedan ver en la televisión en abierto una versión de Cheers decente.

[1] Aunque otra mente no tan preclara, posiblemente con un puesto de despacho superior, siguiera empeñada en que con media hora no es suficiente y decidiera que lo que lo peta es emitir dos episodios seguidos.

[2] Recomiendo, y mucho, el visionado de este reportaje, ¿Quién está ahí?, bastante revelador sobre la medición de audiencias en España.

1 de septiembre de 2011

Red Dwarf



Its cold outside, there's no kind of atmosphere...

En 1988 la BBC estrenó una comedia de ciencia ficción creada por Rob Grant y Doug Naylor, basada en el sketch readiofónico de los mismos autores, Dave Hollins: Space Cadet, que creó historia. Repartidas en diversas etapas, Red Dwarf estuvo en antena durante ocho temporadas, hasta 1999, y diez años después volvió a la vida con una nueva temporada emitida en el canal Dave, en el que para 2012 se espera una nueva tanda de episodios. Entre medias, especiales para radio, novelas y hasta un fallido remake americano.

... I'm all alone, more or less.

En Red Dwarf somos testigos de las aventuras del último humano vivo, Dave Lister (Craig Charles), superviviente de una fuga radiactiva en la nave minera en la que trabajaba gracias a que fue puesto en hibernación estática como castigo por colar una gata dentro de la nave. Tres millones de años después, despierta de su letargo para descubrir que no está solo del todo. Le acompañan Cat (Danny John-Julesun humanoide felino evolucionado de los descendientes de su gata, que crearon una civilización  en la bodega de la nave a salvo de la radiación, el holograma de su irritante y neurótico compañero de litera Arnold Rimmer (Chris Barrie), elegido como acompañante de Lister por la computadora de la nave, Holly (Norman Lovett/Hattie Hayridge), un super ordenador con un cociente intelectual de 6000. Más tarde, con el pasar de los episodios, se unirá a la tripulación del Enano Rojo Kryten (Robert Llewellyn), un robot mayordomo de exquisitos modales programado para servir y no decir nunca que no.

Let me fly, far away from here...

Y eso es solo el punto de partida. Porque Red Dwarf aspiró a todo. A todo. No solo era una comedia modélica, al más puro estilo británico, capaz de desarrollar argumentos y situaciones a partir de cuatro personajes rodeados de tres paredes, si no que desde el primer momento apostó por presentar unos conceptos y argumentos dignos de la más dura ciencia ficción expuestos de tal manera que cualquier espectador pudiera disfrutar con ellos. La metafísica se mezclaba con la parodia, la ironía, la crítica y las personalidades de unos personajes perfectamente definidos.

... fun, fun, fun, in the sun, sun, sun. 

Porque todo parte de los personajes y sus personalidades. Sobre todo de sus dos protagonistas, Lister y Rimmer, antagónicos en cada detalle, y motores de la serie. Unos personajes que desde el principio están en constante evolución, gracias a una planificación argumental que se vislumbra desde los primeros episodios.Y es que Red Dwarf, bajo una apariencia de sitcom, esconde una actitud de querer romper con todo y llegar donde cualquier otra comedia, o serie de ciencia ficción, no había llegado jamás.

Es muy difícil hacerle justicia a una serie como esta con cuatro párrafos muy generales porque, fácilmente, cada episodio de Red Dwarf daría para completar una tesis doctoral. De ese nivel estamos hablando, de uno que solo puede ser comprobado metiéndose de lleno en la serie. Porque cada palabra que se diga sobre ella será insuficiente para describir el nivel de una serie que empieza bien alto y que durante nueve temporadas, y lo que está por venir, demostró no tener techo.